Tiempo de espera y de esperanza

Mons. Gerardo Melgar              Comenzamos en este do­mingo el tiempo litúrgi­co del Adviento. El Adviento es el tiempo de la espera de la acción divina, la espera del gesto de Dios que viene hacia nosotros y que reclama nuestra acogida desde la fe y el amor.

Nuestra espera en el Adviento no es la espera de los hombres y mujeres de la Antigua Alianza, que no habían recibido aún al Salvador; nosotros ya hemos conocido su venida hace dos mil diecisiete años en Belén. La ve­nida histórica del Señor Jesús en la humildad de nuestra carne, deja en nosotros el anhelo de una venida más plena. Por eso el Adviento cele­bra una triple venida del Señor:

  1. La venida histórica en nuestra carne, naciendo de la Virgen María.
  2. La venida que se da en nuestra existencia personal, iniciada por el bautismo y continuada en los sacra­mentos, especialmente en la eucaris­tía, donde está real y sustancialmente presente; en los sucesos de cada día, en los acontecimientos de la historia, la cual pide nuestra acogida desde la fe y nuestra cooperación activa desde nuestra libertad.
  3. Y la venida definitiva o escato­lógica, al final de los tiempos, cuan­do el Señor Jesús instaure definitiva­mente el Reino de Dios.

Estas tres venidas celebramos en el Adviento gradualmente y así van apareciendo en las lecturas de la Pa­labra de Dios en la Eucaristía.

  • Los primeros días la atención de palabra de Dios se dirige hacia la venida definitiva al final de los tiem­pos, con la llamada a la vigilancia para estar bien dispuestos.
  • Luego nos centramos más en la venida cotidiana, a la que somos invitados por los profetas y por Juan el Bautista a preparar nuestros cora­zones y viviendo nuestra vida desde las actitudes que nos pide la fe.
  • Y, a partir del día 17 de diciem­bre, se nos invita de lleno a preparar la solemnidad de la Navidad, a con­memorar el nacimiento del Señor Je­sús en Belén, su primera venida.

El Adviento no es solo la espera de un acontecimiento, es sobre todo la espera de una persona. Es la espera de un Dios que irrumpe en la histo­ria de la humanidad por amor, para ofrecernos la salvación por Jesucris­to, que se hace uno de nosotros para que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios, y que nos da la oportunidad de poseer un día la plena, definitiva y eterna salvación si permanecemos en vela, si nos mantenemos fieles vi­viendo en el amor, mientras espera­mos su vuelta definitiva.

Es, por tanto, una espera acti­va, fecunda, de respuesta de amor al amor de Dios, de compromiso en la tarea de renovar el mundo con la ayuda de Dios, logrando hacer de él un cielo nuevo y una tierra nueva en la que habita la justicia, en espera de la salva­ción plena y definiti­va, cuan­do Cristo entregue al Padre su reino eterno y universal (cfr. 2 Cor 5, 2; 2P 3, 13)

El Adviento es, pues, un tiempo muy importante para renovar nues­tra fe, para vivir nuestro compro­miso de transformar nuestra vida y nuestro mundo según el plan de Dios, de mantenernos en vigilancia activa, porque este Dios que se acer­ca a nosotros, que se hace uno de no­sotros, volverá lleno de gloria y ma­jestad y ha de encontrarnos firmes en la fe, trabajando por la extensión de su Reino y sembrando en el corazón del mundo y de todos los hombres el amor que Él vino a implantar en la tierra.

Vivamos este tiempo de esperan­za preparando nuestra vida para aco­ger al Señor, que ya ha venido, pero tal vez aún no lo hemos recibido, y preparando nuestra vida viviendo el estilo que Él nos ha traído; para que, el Señor, cuando venga, nos encuen­tre en vela y con las lámparas encen­didas de la fe y de la esperanza en Él.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.