Significado del Adviento

Mons. Francesc Pardo i Artigas         Adviento significa advenimiento, que alguien viene, que está viniendo. Ya sabemos que este alguien es Jesús, el Señor, el Salvador.

En este tiempo litúrgico es conveniente aprender a conjugar los tres tiempos del verbo venir: pasado, presente y futuro.

Efectivamente, Jesús ha venido a nuestra historia humana, pero sigue viniendo hoy, y vendrá o volverá como Señor glorioso para llevarla a la plenitud.

Por ello, durante este tiempo nos conviene vivir tres actitudes: preparar, velar, esperar.

Preparar

Jesús ya se ha encarnado en esta nuestra humanidad. En un momento concreto de la historia, en un pueblo concreto, nació Jesús. Lo celebramos gozosos durante las fiestas de Navidad y Reyes. Pero para que la Navidad sea la celebración del nacimiento de Jesús debemos prepararnos viviendo con intensidad estas semanas de Adviento.

Al pasar por las calles, al contemplar los comercios, nos damos cuenta de que materialmente –y pensando en el consumo– se desea que tengamos presentes las fiestas de Navidad. Y, ciertamente, esta dimensión material la tenemos muy presente. Las tareas para ornamentar el hogar y hacerlo más acogedor, la previsión de algunos regalos para las personas queridas, las invitaciones, la preparación de las comidas familiares, son algunas de las preocupaciones de estas semanas.

Pero no podemos olvidar la necesidad de prepararnos personalmente. Esta preparación ha de ayudarnos a vivir auténticamente el sentido de la Navidad, que es, ante todo, contemplación, admiración, agradecimiento… porque con el nacimiento de Jesús se ha manifestado el amor de Dios para con nuestra humanidad. En esta historia de la humanidad se ha vivido un hecho impensable, único: Dios, en Jesús, se ha hecho carne de nuestra carne y sangre, y ha convivido entre nosotros. Este es el motivo de la “fiesta”. Alerta, no nos quedemos únicamente con una fiesta de buenos sentimientos, ya que puede que después nos sintamos más vacíos. Nos hace falta prepararnos durante estas semanas.

Velar

Velar exige estar atentos a la venida constante de Jesús en nuestra vida y en nuestra historia. El Adviento nos urge a darnos cuenta de esta venida.

El Señor viene ahora como Jesús resucitado y con signos humanos que es necesario que reconozcamos para así acogerlo. Se nos hace presente por medio de la Iglesia, de nuestras comunidades parroquiales, asociaciones, movimientos… Y muy especialmente en la Eucaristía y los sacramentos, por la predicación, por medio de las personas con las que seguimos el camino de cada día y con las que nos encontramos. Ciertamente, Jesús continua hablando, amando, sirviendo, curando, perdonando, acompañando… Pero hemos de estar atentos para reconocerlo y acogerlo.

Esperar

Jesús volverá a nuestra vida y a nuestra historia. Creemos que la vida y la historia de cada uno de nosotros y de la humanidad no terminan con la muerte, el vacío, la nada, sino que acaban en Jesucristo.

El Adviento nos activa la esperanza de estar destinados a gozar de la Salvación en plenitud. Se nos propone, sobre todo, reafirmar o reforzar nuestra esperanza, porque la oscuridad, las penalidades y el desánimo del día a día nos impiden vislumbrar y vivir anticipadamente hacia donde se encaminan nuestra propia vida y la historia.

Preparémonos, velemos y esperemos, porque Jesucristo, el Señor, ha venido, viene hoy y volverá.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.