A mí me lo hicisteis

Mons. Àngel Saiz Meneses              El último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Hoy, en la lectura del Evangelio, escucharemos la parábola del Juicio Final, en la que unos y otros preguntan al Señor cuándo le vieron hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o encarcelado, y le auxiliaron, o no lo hicieron. Y el Señor les responde: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Esta identificación del Señor con los hermanos más pequeños es posible porque, como nos señala el Concilio Vaticano II, “con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (GS 22). El amor al prójimo, la solidaridad con él, es fruto de la comunión que se fundamenta en el misterio trinitario y en el misterio de la encarnación del Hijo; su unión con cada ser humano hace que pueda decir: «cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».

Cristo ha venido a salvar a todos los hombres y mujeres de todos los lugares y de todos los tiempos; por eso todos los caminos de la Iglesia conducen al ser humano concreto e histórico y a la vez el ser humano es el camino de la Iglesia. Este es el primer camino que la Iglesia debe recorrer, porque Cristo mismo lo ha trazado y conduce a través del misterio de la Encarnación y de la Redención. Ciertamente nuestra vida está integrada en una trama compleja de relaciones humanas, económicas y sociales; gozamos de unos avances técnicos asombrosos; disponemos de unos conocimientos extraordinarios que nos aportan las ciencias humanas; pero a la vez nos vemos sumidos con frecuencia en la confusión, en la pérdida del sentido de la existencia. En el fondo, el ser humano sigue siendo un misterio, que en su realidad más profunda, sólo se esclarece en el misterio de Jesucristo, el Verbo encarnado (Cf. GS 22).

La sociedad sólo puede funcionar debidamente si coloca al ser humano en su centro, si promueve la dignidad de la persona, y si tiene en cuenta a Dios, ya que lo que sostiene la vida personal y social es el anclaje último en Dios. La persona ha de ocupar la centralidad de toda la actividad humana ya sea docente, económica, social, etc, como miembro de la sociedad y sobre todo como persona dotada de una dignidad trascendente, de unos derechos inalienables, de los cuales no puede ser privada por nada ni por nadie. Ninguna actividad humana puede desvincularse de las exigencias éticas. Como nos han recordado el papa Benedicto XVI y el papa Francisco, la Iglesia no pretende inmiscuirse en la política de las Administraciones ni ofrece soluciones técnicas; ahora bien, tiene una palabra profética que pronunciar y un trabajo que realizar a través de sus miembros para la construcción de una sociedad a la medida del ser humano, de su dignidad, de su libertad, y que favorezca su desarrollo integral.

En esta celebración de la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, contemplemos a Cristo, según expresaron los padres conciliares en el Vaticano II, como “fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones. Él es aquel a quien el Padre resucitó, exaltó y colocó a su derecha, constituyéndolo juez de vivos y de muertos. Vivificados y reunidos en su Espíritu, caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio: “Restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra” (Eph 1,10)” (GS 45).

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.