La familia vicenciana rebosa de gozo

Mons. Francisco Pérez             Siempre agradeceré a Dios el bien que han hecho las figuras de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac en la Iglesia y también Santa Catalina Labouré, que recibió hermosos mensajes de la Virgen Milagrosa. El carisma vicenciano ha marcado una época larga en medio de la sociedad y de la Iglesia. Estamos celebrando los 400 años de su fundación. “¡Los pobres son vuestros amos!” decía San Vicente de Paúl y ciertamente que así lo viven tanto los Padres de la Congregación de la Misión (los paúles) como la Sociedad de Vida Apostólica que son las Hijas de la Caridad. Y digo todo esto porque lo he vivido y lo veo actualmente como un gran regalo a la sociedad de aquellos que supieron poner la caridad a los pobres como el ADN de su vida apostólica.

Como ya he comunicado muchas veces, relatando mi experiencia cristiana, he contemplado la gracia de tener en mi familia de sangre tres tías carnales, hermanas de mi padre, que fueron Hijas de la Caridad y una de ellas Sor Presentación Pérez está enterrada en Huizi (Navarra) y las otras dos en Madrid y Toledo. Además una de mis hermanas -Sor Carmen Pérez- es también del mismo carisma vicenciano y ejerce su labor al lado de la Superiora General en París (Francia). El día 11 de noviembre tuvimos la gran dicha de festejar a la familia vicenciana con la beatificación de SESENTA mártires y entre ellos cuatro eran de nuestra tierra de Navarra. Estuve toda la celebración emocionado al constatar la belleza de la entrega, por amor a Cristo, de aquellos que supieron ofrecer su vida antes que apostatar. ¡Qué gran don es la fe! Que ellos nos ayuden a poner siempre en primer lugar el amor a Dios antes que nuestros modos egoístas de autocomplacencia.

Entre los asistentes en la beatificación estaba la hija, ya mayor, de un padre de familia y decía: ”Nunca olvidaré a mi madre que, después de haber sido martirizado mi padre, nos instaba todas las noches a rezar la oración del padrenuestro por el asesino de mi padre”. Esto indica la calidad de amor que se alberga en el corazón de los auténticos creyentes. Y esto bien que lo aprendieron los mártires, siguiendo la secuela de San Vicente y Santa Luisa, puesto que supieron abrazar la voluntad de Dios por encima de todo. “La práctica de la presencia de Dios es muy buena, pero me parece que adquirir la práctica de cumplir la voluntad de Dios, en todas nuestras acciones, es todavía mejor; pues esta abraza a la otra” (San Vicente de Paúl).

No hemos de olvidar que la labor fundamental de la familia vicenciana es el servicio a los pobres. Así lo vivía San Vicente: “Cuando se ve sufrir a una persona, sufrir con ella; si llora, llorar con ella. Es un acto del amor que hace compenetrar los corazones el uno dentro del otro y sentir lo que el otro siente, bien distinto del actuar de los hombres que no prueban algún sentimiento cuando ven el destrozo de los afligidos y el sufrimiento de los pobres. El Hijo de Dios tenía un corazón tierno: lo llaman para ver a Lázaro y va; la Magdalena se levanta y corre hacia él llorando; los judíos le siguen lloran también ellos; todos lloran. ¿Qué hace el Señor? Llora con ellos. Esta ternura tiene en el ánimo. Es esta su ternura que lo ha hecho bajar del cielo: veía a los hombres privados de su misma gloria; los acompañó en su desventura. También nosotros como El debemos enternecernos por los sufrimientos de nuestro prójimo y tomar parte en sus penas”.

La familia vicenciana rebosa de gozo no tanto por el éxito de haber conseguido una fama de santidad sino por haber mostrado la belleza de unos hermanos que supieron anteponer a Cristo antes que las insinuaciones perniciosas de los asesinos. El Papa Francisco daba las gracias el día 12 de noviembre, en el Ángelus, desde Roma: “Ayer, en Madrid, fueron proclamados beatos sesenta mártires vicencianos: sacerdotes, novicios y laicos. Todos fueron asesinados por odio a la fe durante la guerra civil española. Demos gracias a Dios por el gran don de este testimonio ejemplar de Cristo y del Evangelio”. Desde nuestra Diócesis también felicitamos a la familia vicenciana y rogamos a Dios que les siga bendiciendo con su gracia y que muchos sigan el ejemplo de los mártires que confiaron plenamente en Dios antes que apostatar.

+ Francisco Pérez

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).