El Pan de la Palabra

Mons. José María Yanguas             Según nos aproximamos al final del año litúrgico, la liturgia nos invita a vivir con sabiduría, a prender a desenvolvernos en el camino de la vida, para alcanzar la meta de gloria, de alegría, de plenitud que Dios nos tiene preparada.

 

Precisamente, san Pablo en la segunda lectura de este domingo, retoma algunos de los temas que nos proponía la liturgia del pasado fin de semana, y nos adelanta también el del evangelio de este domingo, en cierto sentido. Si el domingo pasado escuchábamos una voz en medio de la noche que avisaba de la llegada del Esposo, san Pablo nos recuerda que “el día del Señor llegará como un ladrón en la noche”. El día de la boda, la llegada del Esposo, sucederá sin previo aviso. Ante este aviso se entienden las palabras con que se cierra la lectura de Pablo: “Estemos vigilantes y vivamos sobriamente”. El evangelio del domingo pasado nos invitaba a velar, a vigilar y a ser previsores, llenando y cogiendo la alcuza de aceite. En este sentido, podemos considerar sinónimos “ser previsores” y “vivir sobriamente”. El que vive sobriamente no se deja llevar por modas ni por las “cosas”, sino que es capaz de prever, porque no hay en su vida elementos que lo distraigan de lo realmente importante. El que vive copiosamente anda distraído en mil asuntos y corre el riesgo de olvidar lo importante y fundamental.

Pero el apóstol san Pablo añade otra frase que, en cierto sentido, nos adelanta y, por tanto, nos puede ayudar a comprender el evangelio de hoy: “Vosotros sois hijos de la luz e hijos del día”. En cierta sintonía con el texto evangélico del domingo pasado, esta segunda parábola de Mateo 25 nos invita a permanecer en vigilancia y en espera, esperando a que el Señor vuelva en cualquier momento. Esto se traduce en ser hijos de la luz e hijos del día, con palabras del apóstol Pablo.

Ciertamente, el creyente, como todo hijo de vecino, ha sido bendecido con una serie de dones o cualidades que adornan su vida y su persona, que son un regalo de Dios. Este regalo, signo de la confianza que Dios deposita en nosotros (¡nos ha hecho hijos!), lo hemos recibido para hacerlo fructificar. De este modo somos fieles a nuestra vocación de hijos del día e hijos de la luz. Entonces iluminamos el camino y la vida de otros. En palabras de Françes Torralba, estamos llamados a vivir desde la lógica del don. Poner todos los talentos recibidos en nuestra vida a rendir, para hacer posible que la vida sea mejor para todos. Solo desde esta lógica merece ser vivida la vida. Es la lógica de Jesús, que no es otra que la del servicio. El discípulo de Jesús tiene la conciencia de haberlo recibido todo de Dios por medio de Jesús y trata de vivir su vida desde esta lógica señalada del don. Quien vive así es hijo de la luz: quien gasta su vida, quien no esconde los talentos recibidos, porque sabe que no son suyos y por ello no los esconde ni los entierra, sino del Señor que se los ha entregado con generosidad y con una gran confianza… Es hijo del día, e ilumina la vida de los demás.

Que la celebración de esta Eucaristía, el gran don de Jesús a su comunidad, nos haga descubrir el verdadero rostro de Dios que ha puesto toda su confianza en nosotros al poner el mundo en nuestras manos y al darnos una serie de talentos que no podemos enterrar, sino que tenemos que poner a fructificar. Así vivió Jesús, desde la lógica del don que cada uno de nosotros estamos llamados a poner en práctica en el día a día de nuestras vidas. Reconoce los dones recibidos en tu vida, da gracias a Dios por ellos, que por algo son suyos, y no te los guardes para ti solo. Así se desperdician y nos impiden alcanzar la sabiduría que conduce a la vida. Solo sabe el que sirve.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).