Demos un hogar a quienes no lo tienen

Cardenal Carlos Osoro            Esta semana, Cáritas celebra la Jornada de personas sin hogar con el lema Somos personas, tenemos derechos. Un año más –y ya van 25– la organización asistencial de la Iglesia nos hace mirar a las cerca de 40.000 personas que, en nuestro país, viven en la calle y a los 3,6 millones que lo hacen en viviendas inseguras. Son personas que no tienen un lugar donde sentir calor y desarrollar su proyecto vital y que muchas veces padecen indiferencia, discriminación e incluso odio…

En nuestro día a día, inmersos en nuestras rutinas y agobios, en ocasiones no reparamos en ellas. Cáritas nos mueve a no permanecer impasibles ante la situación que atraviesan, sino alzar la voz y, sobre todo, actuar. Porque como recordamos hace unos días, en la Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco, es necesario amar no de palabra sino con obras concretas, al estilo de Jesús, que dio hasta la vida.

Los cristianos debemos mostrar el verdadero rostro de Dios en los caminos por los que transitan los hombres, especialmente allí donde hay descartes y soledad. Hemos de reaccionar con la fuerza de Jesucristo como ya hacen tantos laicos, sacerdotes y religiosos, niños, jóvenes, adultos y ancianos, a los que hoy quiero agradecer su labor y entrega. Y a los que todos debemos admirar e imitar.

En mis años como pastor, ya no solo en la diócesis de Madrid sino también en Valencia, Oviedo, Orense y mi Santander natal, he tenido la suerte de conocer de cerca proyectos más o menos sencillos, con más o menos trayectoria, para ayudar a las personas sin hogar. Comedores, centros de día, albergues para pasar la noche o asearse, repartos de bocadillos y caldo para combatir el frío de la calle… Iniciativas movidas con la certeza de que todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Tenemos la misma dignidad y merecemos que se nos reconozca.

No se trata solamente de hacer obras de buena voluntad o de una caridad mal entendida con los que no tienen hogar, sino de encontrarnos con ellos, acogerlos y hacerles partícipes de lo que nosotros disfrutamos. El Señor se acerca a nosotros en esta Jornada de las personas sin hogar y nos alienta a decirles: «¿Qué quieres que haga por ti?». No se trata de una caridad profesionalizada, ni de una comunicación del Evangelio intelectualizada, sino de amar y curar. ¿Cómo hacerlo?

1. Siendo una Iglesia que abre sus puertas: que no pase como con María y José, que no encontraban un lugar para que naciese Jesús y tuvieron que ir a una cueva. La Iglesia tiene que tener el estilo de la mujer el libro de los Proverbios: es  hacendosa, se fía de su Señor, abre su mano a los necesitados y extiende el brazo al pobre. Tiene que ser y vivir con corazón y manos abiertas a todos, a todas las situaciones de los hombres, en todos los caminos por los que van, y detenerse especialmente en aquellos a los que se les ha robado o se les roba la dignidad.

2. Recordando y viviendo que todos somos hijos de Dios: tenemos un Padre que lo es de todos los hombres y, por eso, nos convertimos en hermanos. Es cierto que hay hombres y mujeres que no lo saben o que se olvidaron de tal título. Para hacer una nueva humanidad, este título es necesario; no para tenerlo y guardarlo, sino para ejercerlo. ¡Cuánto cambiaría este mundo! ¡Cuánto cambiaría la situación de tantas personas sin hogar si, como pide Cáritas en esta jornada, en la medida de nuestras posibilidades, colaborásemos con proyectos que ponen en valor sus derechos!

3. Poniendo en juego los dones que el Señor nos regaló: como veíamos en el Evangelio del pasado domingo, de Dios hemos recibido un tesoro inmenso, ¿lo guardamos o lo ponemos a disposición de quien nos encontramos en el camino de la vida? La Jornada de las personas sin hogar es una magnífica ocasión para hacernos de nuevo esta pregunta.

Jesús nos abre al camino de la confianza, nos presenta un rostro de un Dios Padre, que se fía y confía a cada uno el gran regalo de la vida. Él no quita nada y lo da todo. Nos ha dado su hogar, ¿cómo no vamos a dar hogar a las personas que no lo tienen?

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.