Venga a nosotros tu Reino

Mons. Enrique Benavent            El último domingo del tiempo ordinario celebramos la solemnidad de Jesucristo Rey del universo. Es una fiesta de esperanza. Los cristianos tenemos la certeza de que por la resurrección de Jesús, el pecado y la muerte no tienen la última palabra en la historia de la humanidad; y sabemos que todos los anhelos de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz que hay en el corazón del hombre, se harán realidad cuando el Señor vuelva en gloria y majestad. Las personas, que podemos impedir la realización del designio de amor de Dios en cada uno de nosotros personalmente si rechazamos totalmente ese amor, no podremos impedir que el plan de salvación sobre la historia y el mundo llegue a su meta.

Con la persona, las acciones y las palabras de Jesús, especialmente con su muerte y resurrección, se sembró la primera semilla del Reino de Dios en nuestro mundo. La Iglesia, obedeciendo a su Fundador, está para continuar esparciendo esa semilla. Para poder realizar esta misión no ha recibido de Cristo ni armas, ni riqueza ni poder, porque ni la fuerza ni el miedo son el camino para que ese Reino crezca entre nosotros. Los instrumentos para esta misión son otros: la Palabra del Evangelio, la gracia de los sacramentos por los que llega al corazón de los hombres la vida nueva del Resucitado, y el mandamiento de dar testimonio del amor de Dios en el servicio a los más pobres y necesitados.

El texto evangélico que se proclama este año, que es la gran parábola del juicio final, nos recuerda que entrarán en el Reino de Dios aquellos que hayan practicado las obras de misericordia. En esta parábola el Señor nos está indicando también cómo y cuándo se hace presente el Reino en nuestro mundo: cuando damos de comer o beber al hambriento y al sediento; cuando visitamos a los enfermos y a los presos; cuando vestimos al desnudo y hospedamos al sin techo.

Tal vez podemos pensar que esta misión es en el fondo una ilusión, porque cuando miramos la realidad de nuestro mundo dos mil años después de Cristo tenemos la impresión de que nada ha cambiado: las injusticias, la violencia, la mentira, el hambre, las guerras… continúan entre nosotros. También podemos pensar que estos instrumentos son ineficaces y no sirven para nada: ¿No vivimos en un mundo en el que quienes tienen poder, influencia, dinero o prestigio son admirados, escuchados y acaban consiguiendo lo que se proponen? Ante esta situación ¿vale la pena seguir creyendo en esta utopía?

Sin embargo, cuando contemplamos la historia de la Iglesia y vemos la gran cantidad de santos que se han tomado en serio esta palabra del Evangelio, descubrimos que el paso de Jesús por la historia de la humanidad no ha sido inútil; que gracias a los verdaderos discípulos su Reino está más presente de lo que aparentemente se ve; que por ellos nuestro mundo es mucho mejor de lo que sería si no hubieran vivido; y que vale la pena seguir trabajando para que la humanidad llegue a la meta que Dios le ha preparado.

Con mi bendición y afecto,

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.