¿Rendimiento?

Mons. Agustí Cortés             En una asamblea, que servía de conclusión de visita pastoral, una señora ya mayor se levantó y formuló una pregunta no habitual en ese contexto. Su interrogante en apariencia era sencillo, según se mirase, pero de enorme trascendencia incluso para lo que estábamos tratando en el diálogo. Hablábamos, como es habitual en las visitas pastorales, de la situación de nuestras comunidades, de las dificultades y posibilidades, de los logros y fracasos… La señora escuetamente vino a decir:

Tengo mi edad. He vivido mucho. He intentado ser fiel a la fe, aunque no sé si lo he conseguido. Ahora, según veo las cosas hoy, me gustaría saber para qué ha servido lo que he hecho, si ha valido la pena, si tiene algún valor…”

Recuerdo haber recibido una interpelación semejante de boca de algún enfermo, consciente de sus escasas posibilidades de salir con vida de su situación. Concretamente evoco con frecuencia las palabras de una señora, que en toda su vida se había mostrado inteligente, trabajadora, emprendedora, con sensibilidad social, creyente, con suficientes posibilidades económicas como para permitirse algún disfrute en la vida, pero que excluyó voluntariamente la vida matrimonial. Siempre le quedó abierta la pregunta de si el Señor esperaba algo más de ella, o si lo que había hecho era realmente valioso…

A nadie se le oculta la trascendencia de estas cuestiones: ¡el rendimiento de la vida! Dejamos a un lado la mentalidad utilitarista y pragmática hoy omnipresente. Se trata del balance de toda una existencia.

Es verdad que los problemas que hoy sufrimos, sean de tipo personal, como sociales, culturales, económicos, etc., nos acucian y nos entregamos a buscar soluciones, sobre todo cuando nos parecen de extrema gravedad. Necesitamos tener éxito en esta lucha, poner todos los medios a nuestro alcance. Y, si el resultado es positivo, decimos: “ha valido la pena, el trabajo ha tenido sentido y está justificado”. Pero cuando no se trata de este u otro problema o de un fragmento relativamente corto de la vida, sino de toda la existencia personal, como son los casos mencionados, las respuestas no son nada sencillas. Creo que la gran mayoría no piensa en ello precisamente porque tienen miedo a no saber responder.

Estas preguntas están en la base de la experiencia creyente. Jesús, hablando en parábolas, nos advierte que nuestra vida valdrá según hayamos hecho rendir sus dones. Al final viene el Señor y nos preguntará: “¿qué has hecho de los dones que te di?… O mejor, ¿qué has hecho del don que cada día recibiste gratuitamente?” Cada don recibido atraviesa nuestra libertad, es decir, nuestra responsabilidad, y ha de ser transformado en más vida, más don…

Pero que nadie piense que Jesús, aunque utilice ejemplos tan cotidianos, como una cuenta corriente en el banco, se refiere a algo material que se pueda cuantificar. El rendimiento de los dones de Dios ha de ser como los mismos dones: han de significar el crecimiento del Reino de Dios.

Y otra observación mucho más importante. Pablo Neruda escribió aquel bello libro, que tituló Confieso que he vivido. Retazos de su vida que fueron conformando su persona, con el propio yo en su centro. Como él, casi toda la humanidad entiende que vivir es acumular, amontonar, producir. Pero no puedo dejar de traer aquí esta otra mirada a la propia vida que fueron las Confesiones de San Agustín: su otro posible título no sería como el del libro del poeta, sino simplemente este: Confieso que Dios me ha amado.

Este sería un perfecto y maravilloso balance de la propia vida.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.