La Iglesia signo de unidad y salvación

Mons. Francisco Pérez              Hoy en el mundo que vivimos existen muchas experiencias tan diversas y distintas que pueden desembocar en unión o en litigio. Aún más puede llegarse a situaciones tan absurdas que al afirmarse las posturas con radicalidad e irracionalidad provocan violencia e incluso guerra. No nos confrontamos si no es para marginar o para aparcar al contrario. Y digo esto porque la Iglesia, en estos momentos como en otros, tiene una misión de ser ella misma en bien de la sociedad promoviendo la concordia y la unidad fraterna. Lo tiene como esencia fundamental puesto que Jesucristo la encomendó llevar el perdón y la gracia por doquier. La Iglesia no se ciñe solamente a un territorio concreto sino que es universal aun cuando se concreta en porciones de esta universalidad como son las Diócesis. Muchas son las denominaciones de la Iglesia de las que nos habla la Sagrada Escritura.

La Iglesia es redil cuya puerta única y necesaria es Cristo: “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador” (Jn 10, 1). No son los miembros de la Iglesia o quienes gobiernan los que guían o alimentan a las ovejas, es Jesucristo el único que es el Buen Pastor y Cabeza de los pastores. “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11). Esto nos hace mirar la realidad con la seguridad de tener un guía que garantiza la experiencia concreta en la gran familia que es la sociedad y que está convocada a vivir en la fraterna solidaridad con todos sus matices. El mundo está ansiando tener a alguien que conduzca con autoridad y seguridad los destinos de los pueblos y éste es el Buen Pastor.

La Iglesia también se la denomina labranza o campo de Dios (cf. 1Cor 3,9). Es un símil que nos recuerda los campos productivos y frondosos de nuestras tierras navarras donde se cultivan distintos productos alimenticios que serán servidos a las mesas de nuestras familias. Y no olvidemos los buenos caldos que producen las vides y crecen los olivos que darán sabroso aceite. Es hermosa la metáfora de la vid y los sarmientos (cfr. Jn 15, 1-8) donde se afirma que la verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos que somos nosotros si permanecemos unidos a la vid y que sin él no podemos hacer nada.

Otro nombre que recibe la Iglesia es la de ser mediación y medio para construir el designio que Dios tiene sobre la humanidad. “Porque nosotros somos colaboradores de Dios; vosotros sois campo de Dios, edificación de Dios” (1Cor 3, 9). Cristo es el único cimiento y, por tanto, los cristianos debemos estar “no sólo unidos a Jesucristo, sino adheridos, como pegados a él… Él es el fundamento y nosotros el edificio; él es el tallo de la viña y nosotros las ramas; él es el esposo y nosotros la esposa; él es el pastor y nosotros el rebaño” (San Juan Crisóstomo, In 1 Corinthios 8, 4). Somos Casa de Dios en la que habita su familia, abierta como una tienda de Dios a la humanidad (cfr. Ap 21, 3). Tan es así que Dios hace morada en nosotros puesto que la “Personas divinas inhabitan en cuanto que, estando presentes de una manera inescrutable en las almas creadas y dotadas de entendimiento, entran en relación con ellas por el conocimiento y el amor” (San Tomás de Aquino, Summa Theologiae 1, 43, 3). La conciencia es el altavoz donde Dios nos habla.

Y finalmente es nombrada como madre nuestra que cuida de sus hijos procurando dar el mejor alimento que es la Palabra de Dios y la fuerza del Señor por medio de los sacramentos. El lugar de su amor son los pobres de amor. Una madre no tiene otra razón de ser sino la de darse a sus hijos. Su apoyo es Jesucristo que “la amó y se entregó por ella para santificarla” (Ef 5, 25-26). Estamos celebrando la Jornada de la Iglesia Diocesana y nada mejor que sentirnos unidos a ella que cuida y fortalece nuestra vida. Sintámonos miembros vivos y seamos testigos gozosos para seguir siendo miembros agradecidos de ella que nos lleva de su mano para un día ser ciudadanos del Cielo. Y seamos generoso con nuestras aportaciones económicas para adaptar lo mejor posible nuestros templos y la atención pastoral.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).