«Sal de la tierra y luz del mundo»

Cardenal Juan José Omella             Este domingo se celebra el Día de la Iglesia Diocesana, conocido entre nosotros como la jornada de “Germanor”. Por segundo año consecutivo, se repite un lema muy acertado: “Contigo, somos una gran familia”.

Efectivamente, la Iglesia católica es una gran familia que acoge y se esmera por construir una sociedad mejor y más fraterna. Una familia que trabaja para favorecer una convivencia social agradable y solidaria, especialmente con los más necesitados. La Iglesia, ofreciendo el mensaje del Evangelio, los sacramentos de la vida nueva y viviendo el nuevo mandamiento del amor, despierta la responsabilidad de los cristianos por el bien común de las sociedades en que viven. De vez en cuando, es bueno detenerse un rato para contemplar y dar gracias a Dios por todo el bien que somos capaces de hacer cuando acogemos y seguimos su voluntad. Para tomar conciencia de la tarea que hacemos los cristianos, las parroquias e instituciones de Iglesia basta preguntarnos: ¿qué sería de nuestras ciudades y pueblos sin el trabajo de los cristianos? Pensamos en el campo de la espiritualidad, de la atención a los enfermos y las personas mayores, a los pobres y marginados, en el campo de la enseñanza y de la cultura, etcétera. Nuestras ciudades y nuestros pueblos no serían los mismos sin esta gran familia. Les faltaría alma, les faltaría sentido, les faltaría alegría y esperanza, habría menos fraternidad y justicia.

La Iglesia quiere hacer de nuestra sociedad una gran familia que tenga a Dios como Padre y a Jesucristo como hermano mayor. Esta es una de las grandes misiones que nos ha confiado el Señor. Ver al otro como un don, como un regalo y una oportunidad. A menudo no lo conseguimos y nos dejamos llevar por la tentación de mirar al otro como un enemigo. Sin embargo, los católicos no queremos dejar de trabajar para alcanzar esta meta. Lo queremos hacer mediante la formación humana e intelectual, a través de nuestras escuelas y centros universitarios. Pero también ayudando a los niños, jóvenes y adultos a madurar como personas, mediante las catequesis para adultos, jóvenes y niños, mediante la vida comunitaria en las parroquias, los movimientos y los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica. La nuestra es una familia que no quiere olvidarse de los que sufren, denunciando la situación y ayudándoles a través de las muchas acciones de solidaridad.

Podemos decir, con un profundo agradecimiento a Dios, que sin la Iglesia católica nuestra sociedad sería mucho más pobre en recursos humanos, culturales y espirituales. Por eso, en este día de “Germanor”, que es el único día al año en que se hace esta colecta en favor de las obras diocesanas, os pido vuestra colaboración. En este día, la Delegación Diocesana de Economía da cuenta del origen de sus recursos y de su destino al servicio de la acción pastoral y de los más necesitados.
Con su colaboración, nuestra diócesis ha podido crear y mantener el Fondo Común Diocesano, un fondo al servicio del intercambio de recursos entre todas las parroquias, con una clara finalidad: que aquellas que disponen de más recursos ayuden solidariamente a las que tienen menos o pasan por momentos de especial necesidad. Se trata, en resumen, de disponer de los medios para que la Iglesia pueda continuar dando respuesta a la llamada recibida de Jesucristo. Muchas gracias por vuestra ayuda.

+ Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 363 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.