Junto a la cruz de Jesús

Mons. Enrique Benavent           A lo largo de este año jubilar mariano que estamos celebrando en nuestra diócesis, hemos ido comentando los momentos más importantes de la vida de la Virgen. En estos comentarios hemos querido poner de manifiesto el significado teológico y espiritual que se encierra en cada uno de ellos. Hoy les invito a meditar brevemente el momento en el que se manifiesta con mayor claridad la gradeza de la fe de María. El evangelista San Juan nos narra que junto a la cruz de Jesús, acompañada de otras mujeres y del discípulo amado, estaba su madre (Jn 19, 25). Os quiero invitar a todos a que nos preguntemos qué sentimientos albergaría en su corazón.

El primer sentimiento que nos imaginamos es el dolor. La Virgen estaba sufriendo. Cuando un hijo sufre, nadie le acompaña como la madre. Su dolor sería inimaginable: al sufrimiento físico y a las torturas de la crucifixión, se une el sufrimiento moral por la injusticia que se ha cometido con Jesús. María no podría entender por qué el mundo trataba así a su hijo: Él había pasado haciendo el bien, curando a los enfermos y sembrando esperanza en el corazón de las personas y, a cambio, había sido condenado a muerte. En ese momento una espada de dolor atravesó su corazón.

Los evangelios nos han transmitido siete palabras que Jesús pronunció desde la cruz. Es la última predicación del Evangelio durante su vida pública. El Señor continúa evangelizando desde la cruz. María, que hasta ese momento ha sido una oyente de la Palabra, está también ahora escuchando esas palabras de su hijo, las guarda en su corazón y las pone en práctica. Entre ellas escucharía la oración que Jesús le dirige al Padre solicitando el perdón para sus perseguidores. María, que sabía que su hijo había exhortado a los discípulos a amar a los enemigos y a orar por ellos, hace suya esa plegaria y también ella pide a Dios el perdón para los perseguidores de Jesús. Al hacerlo, ella misma los está perdonando de todo corazón.

María, que sabía que su hijo no había venido al mundo a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos, es consciente de que la muerte de Cristo es en favor de toda la humanidad. Cuando una madre ve el sufrimiento de su hijo, estaría dispuesta a ocupar su lugar, cargando con ese dolor. Por eso está al pie de la cruz con el deseo de ser crucificada con Cristo y, de este modo, ella, que en el momento de la Anunciación había cooperado a la redención de la humanidad, continúa ahora acompañando a Cristo y ofreciéndose con Él en favor de todos nosotros.

En el momento de la crucifixión el dolor de María es inmenso. Pero también ahora la fe es más fuerte. María, que está sufriendo, está creyendo. Su fe es la única luz que en ese momento queda en la Iglesia naciente en espera de la Pascua. Cuando estemos en la noche del dolor no dejemos de mirarla. Ella, que ha pasado por la prueba del sufrimiento, se nos mostrará como consuelo de los afligidos.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

 

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.