Con motivo del Día de la Iglesia Diocesana 2017

Mons. Alfonso Carrasco           Queridos hermanos: el lema de este Día de la Iglesia Diocesana nos recuerda un año más que somos «una gran familia». Esto, que sería para algunos al máximo un sueño, es una realidad posible y cercana para nosotros, que podemos ya empezar a vivirla.

De hecho, nuestros deseos más hondos podrían resumirse así: ser una gran familia en un mundo que sería verdaderamente una casa común, hasta que lleguemos al hogar definitivo con el Padre. Ser hermanos y no extranjeros los unos para los otros y poder vivir así todas las cosas, «el gozo y la esperanza, la tristeza y las angustias (…), sobre todo de los pobres y de todos los afligidos» (GS n. 1). Saber que tenemos un Padre común, que no hemos sido “echados” a la vida por fuerzas ciegas, sino que existimos porque Dios nos ama. Y saber que Jesús, hermano y Señor nuestro, ha vencido en la batalla decisiva de la vida, y nos ha dado a todos la misma dignidad de hijos y la misma ley del amor.

Para nosotros, cristianos, esto no es simplemente un ideal, sino una realidad presente ya en nuestras casas y en nuestras calles. Habiendo sido bautizados y viviendo en nuestras parroquias, en nuestra Iglesia diocesana, estamos ya en la gran familia del Padre, y la construimos cada día animados por su Espíritu filial.

Las riquezas de la bondad y de la misericordia de Dios están a nuestra disposición -en especial en los sacramentos-, su enseñanza y sus consejos para la vida están muy cerca, en su Palabra para nosotros. Jesús, como Señor de la casa, cuida de nosotros y nos libra del mal.

Participemos de corazón en la vida de esta «gran familia» que es nuestra Iglesia diocesana, que son nuestras parroquias; atendamos a sus necesidades, no abandonemos a ningún hermano. Así defenderemos nuestra fe y nuestra esperanza para el mundo, y seremos como una luz que impide ver en él solo un lugar de luchas, de egoísmos y de corrupción.

Que por intercesión de santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, se cumplan los designios divinos, que son de vida y de paz, y que tienen para nosotros su expresión más entrañable en el recuerdo íntimo de nuestros padres, de nuestro hogar, de nuestros hermanos, donde hemos experimentado y amado por vez primera la vida. Que guardemos siempre en el corazón el agradecimiento por este gran don, que en el bautismo recibe su sello definitivo. Y que gracias a la fe y a nuestra experiencia de Iglesia, parroquial y diocesana, no olvidemos nunca que hemos sido llamados a la vida para siempre, pero no solos, sino como hermanos, miembros de «una gran familia».

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
Acerca de Mons. Alfonso Carrasco Rouco 32 Articles
Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.