Remando juntos (cf. Lc 5,4) Carta sobre la pastoral de conjunto y la Acción Católica General

Mons. Jesús Catalá            I. INTRODUCCIÓN

Testimonios de vida santa en la Iglesia malacitana La vida y la misión de la Iglesia tienen en este bello rincón del Mediterráneo una historia llena de entrega generosa y de notables manifestaciones de fe. Aún están frescas en esta tierra bendita las huellas de personas verdaderamente santas, que han servido al Reino de Dios sembrando de esperanza y amor nuestra historia y que han adornado nuestra Iglesia diocesana con testimonios de auténtica vida cristiana. Damos gracias a Dios por la reciente canonización de mi antecesor en la sede malacitana, San Manuel González, quien supo afrontar con audacia y acierto los retos que su época planteaba a la evangelización, a la formación de sacerdotes y a las necesidades de tanta gente sin recursos. Él preparó a nuestra Iglesia para dar un testimonio de fe hasta con derramamiento de sangre. En el presente año se abrirán en nuestra Diócesis tres causas de beatificación por martirio de sacerdotes, religiosos y laicos.

Todos tenemos el deber y el gozo de recordar los testimonios de aquellos que han sido declarados beatos. Recordamos, en primer lugar, al cardenal Marcelo Spínola y Maestre, obispo de Málaga entre 1886-1895 y beatificado por el papa Juan Pablo II. Junto a los mártires reconocidos de la persecución religiosa del pasado siglo (Enrique Vidaurreta, Juan Duarte y tantos otros), son memorables los signos de la misericordia de Dios reflejados en las vidas de Juan Nepomuceno Zegrí, la Madre Petra de San José, la Madre Carmen del Niño Jesús, Fray Leopoldo de Alpandeire y las muchas virtudes de los siervos de Dios Cardenal Ángel Herrera Oria, Doctor José Gálvez Ginachero y el Padre Tiburcio Arnáiz.

Podemos también afirmar que, en los últimos decenios y bajo el impulso que el Espíritu dio a su Iglesia a través del Concilio Vaticano II, nuestra Diócesis ha estado llena de entrañables y vigorosos testimonios de vida cristiana y de ardor apostólico por parte de sacerdotes, personas consagradas y, sobre todo, por tantos laicos, cuya entrega a la Iglesia es bien conocida y recordada. Estos ejemplos de vida son patrimonio de todos los católicos malagueños. Tenemos motivos para estar sanamente orgullosos de pertenecer a una Iglesia en la que ha brillado de este modo la luz de Jesucristo.

2. Suscitar, fortalecer y transmitir la fe hoy Una Iglesia de santos es signo de la presencia viva del Evangelio, prolongada durante siglos y tiene que ser estímulo para la misión que nos corresponde hacer en nuestro tiempo, de modo que los frutos de la fe, la esperanza y la caridad sigan multiplicándose también hoy.

Todos somos conscientes de las dificultades que la fe tiene en nuestros días para arraigar en los corazones de nuestros contemporáneos, cuando se verifica una especie de fisura en la transmisión de las creencias, en la familia, en la parroquia, en la escuela y en otros ámbitos. Esto, lejos de desanimarnos, nos mueve a hacernos más responsables de nuestra fe y a tomarnos más en serio el mandato misionero, por el cual el Señor sigue llamándonos a salir y anunciar el Evangelio (cf. Mt 28, 19); es necesario seguir suscitando la fe en los no creyentes y alejados. No es el momento para encerrarnos cómodamente en nuestras costumbres adquiridas de tanto tiempo, limitándonos a hacer lo de siempre, de la misma forma de siempre, sin hacer una conversión pastoral, a la que nos invita el papa Francisco; y sin atrevernos a salir a las periferias. Es tiempo de verter el vino nuevo en odres nuevos (cf. Mt 9,17). La llamada del Señor en nuestro tiempo resuena de nuevo con toda su fuerza, para llegar a hacer de nuestra Iglesia una verdadera comunidad evangelizadora.

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+ Jesús Catalá Ibáñez

Obispo de Málaga

Mons. Jesús E. Catalá
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Mons. Jesús Esteban Catalá Ibáñez nació en Villamarchante, archidiócesis y provincia de Valencia (España) el 22 de diciembre de 1949. Ingresó a los once años en el Seminario diocesano de Valencia, donde cursó el bachillerato elemental y superior (1961-1967) y los estudios eclesiásticos (1968-1974). Fue ordenado diácono en 1973, ministerio que ejerció durante tres años. Obtuvo la Diplomatura en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (1973) y la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer”de Valencia (1976). Recibió la ordenación sacerdotal, el 3 de julio de 1976, siendo nombrado párroco de los pueblos de Rotglá y de la Granja de la Costera. Simultaneó este ministerio con el de profesor de Religión en un Instituto de Enseñanza Media y en el Seminario Menor, en Xátiva. En 1978 fue destinado a la Delegación diocesana de Pastoral Vocacional, colaborando al mismo tiempo con el equipo de formadores del Seminario Diocesano y con la Delegación diocesana del Clero. Fue profesor de Religión en el Instituto de Enseñanza Media "Luis Vives" de Valencia. Obtuvo la Licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad de Valencia (1981), donde colaboró en investigaciones publicadas por el Departamento de Historia de la Psicología. Participó en los Congresos Internacionales de Psicología celebrados en Alicante-España (1981) y en Munich-Alemania (1985). En 1982 fue nombrado párroco de "San Carlos Borromeo" de Albal, colaborando simultáneamente con las Delegaciones diocesanas de Pastoral Vocacional y de Catequesis. Enviado a Roma para ampliar estudios, residió en el Pontificio Colegio Español de San José y colaboró en la parroquia romana de “San Paolo della Croce". En la Pontificia Universidad Salesiana realizó los cursos de doctorado en Teología Pastoral y Catequética (1984-1986). Participó como asistente de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos (Vaticano) en la Asamblea Extraordinaria de 1985, colaborando a tiempo parcial hasta 1986 y desde 1987 como Oficial de dicha Secretaría. Desde entonces, y hasta su nombramiento episcopal, participó en todas las Asambleas sinodales: sobre los Laicos (1987); sobre la Formación sacerdotal (1990); para Europa (1991); para África (1994); sobre la Vida consagrada (1994); para el Líbano (1995). Ha publicado varias colaboraciones y artículos sobre temas sinodales y dado diversas conferencias sobre estos temas. En 1996 obtuvo el Doctorado en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con una tesis sobre el análisis de revista “Concilium”. Ha acompañado al Santo Padre en tres viajes apostólicos a África: Costa de Marfil (1990), Angola (1992) y Uganda (1993). El 25 de marzo fue nombrado obispo titular de Urusi y auxiliar del Arzobispo de Valencia, siendo ordenado el 11 de mayo de 1996 en la catedral de Valencia (España). El 27 de abril de 1999 fue nombrado Obispo de Alcalá de Henares. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión episcopal de Relaciones Interconfesionales (1996-1999), de la de Seminarios y Universidades (1999-2002), de la Doctrina de la Fe (2002-2005) y de la de Enseñanza y Catequesis (1996-2005). Ha sido Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral (2005-2011). Desde 2011 es Presidente de la Comisión Episcopal para el Clero. Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española desde 2005. El 10 de octubre de 2008 es nombrado Obispo de Málaga, tomando posesión el 13 de diciembre de ese año. El 2 de marzo de 2011 es elegido Presidente de la Comisión Episcopal del Clero y miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española.