Paz en la oscuridad

Mons. Agustí Cortés         En situación de crisis, cuando apenas se puede vislumbrar una salida y uno se ve rodeado de tiniebla, el cristiano ha de saber atravesar la noche activando interiormente la fe más auténtica. Las recetas de orden psicológico tienen un valor muy relativo, pues ejercen una función parecida a los calmantes ante una enfermedad grave: alivian, pero no curan.

Pero sí que nos resulta eficaz en la reactivación de la fe el recuerdo testimonial de aquellos cristianos que, como tales, supieron atravesar “sus noches”. Los testigos mártires, más que maestros del saber sufrir, son para nosotros maestros del saber vivir.

Hace unos días he recibido de una hermana carmelita estudiosa de la figura de Edith Stein un texto que hoy viene a ser realmente oportuno. Sor Benedicta de la Cruz escribía en su obra Causalidad psíquica (1918):

“Existe un estado de quietud en Dios, de relajación de toda actividad intelectual, en que no se hacen planes, no se toman resoluciones, y no se actúa, sino que todo lo venidero se deja en manos de la voluntad divina, abandonándose a la Providencia. Esta suerte me fue deparada después de una experiencia, que sobrepasó mis fuerzas, que absorbió toda mi energía vital y que me privó de toda actividad”.

Todos tenemos o hemos tenido experiencias que nos sumen en perplejidad. Es decir, los recursos naturales a nuestro alcance resultan ineficaces. Entonces, una reacción lógica es quedarse quieto, no hacer nada. Hay otras reacciones, como, por ejemplo, fomentar experiencias evasivas. También escuchamos frecuentemente mensajes bienintencionados, que tratan de levantar el ánimo a fin de que no dejemos de luchar. Son mensajes que se dirigen a todos, pero sobre a todo a los jóvenes: “ánimo, tú puedes”, “si tú quieres puedes”, “nada es imposible”, “entre todos podremos…” Estas palabras logran incluso movilizar grupos políticos. La vida, sin embargo, va dejando en su lugar, junto a las posibilidades reales, las ilusiones infundadas. Cuando vienen los fracasos siempre hay una salida: si no lo hemos logrado ha sido por culpa de los otros, de la mala estructura o de no haber confiado bastante en las propias fuerzas. Nunca la frustración es debida a que el sueño en sí era un  engaño.

Edith Stein no vivió una vida en las nubes. Más bien al contrario, tuvo muchas razones para caer en la frustración. Pero una vez descubierto al Dios de Jesucristo, el Dios personal con el que nos comunicamos en relación de amistad, Él mismo impregnado de carne de dolor, podía añadir:

“La quietud en Dios es algo totalmente nuevo y particular frente a la negación de la actividad por falta de fuerza vital. En su lugar aparece el sentimiento de estar escondida, de estar liberada de todo problema, preocupación u obligación. Y, mientras más me entrego a este sentimiento, me comienzo a llenar más y más de una vida nueva, que me empuja a nuevas ocupaciones, sin que para ello actúe la voluntad. Esta energía vital aparece como flujo de una actividad y una fuerza que no son mías y que, sin ningún tipo de exigencias por mi parte, trabaja en mí.”

Los grandes testigos no dejaron nunca de actuar. Sólo les preocupó que aquello que hicieran fuera acorde con la voluntad de Dios, que fuera coherente con el Evangelio.

Este camino consiste en abandonarse en Dios, sobre la base de que los juicios y los requerimientos ajenos pierden fuerza, ya no son amenazas, “ya no les permito que trabajen en mí”, porque uno obedece a una energía más poderosa. Todo pasa en el interior, pero entonces desde dentro va siendo iluminada la oscuridad que nos rodea.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.