La economía, al servicio del hombre

Mons. Jaume Pujol             Como ocurre con todas las profesiones, también se hacen chistes de los economistas, como el que dice: «Hay tres clases de economistas: los que saben sumar y los que no saben.»

Los economistas deben soportar la carga de equivocarse en sus previsiones económicas, pero no habría que criticarles por ello, porque todos sin excepción nos manejamos en el mundo de la economía, desde un gran o pequeño empresario hasta la familia que cuenta sus ingresos y gastos para ver si puede llegar a fin de mes.

Se cuenta que Dalí sabía sacar provecho de sus dotes artísticas del modo más insospechado. Cuando salía a cenar, a la hora de abonar la cuenta al restaurante sacaba su cheque, escribía el montante, pero en el reverso hacía un dibujo y lo firmaba, asegurándose así de que el dueño preferiría guardarlo y enmarcarlo antes que entregarlo al banco.

Consideremos pues que hay excepciones, pero lo habitual es que nos manejemos con los conceptos básicos económicos como los ingresos, los gastos, los ahorros, impuestos, las inversiones, pérdidas y ganancias.

Nada de esto está reñido con el Evangelio. Los cristianos no vivimos del aire y hemos de estar familiarizados con las ideas elementales de la economía. Jesucristo no rechazó que alguien hiciera fructificar sus talentos, sino al contrario; ni condenó pagar impuestos o prestar dinero. Sí que condenó la avaricia, la usura, el almacenar bienes con el exclusivo afán de pasarlo bien, la injusticia y todas las demás desviaciones de un uso correcto del dinero.

La Doctrina Social de la Iglesia acepta «la propiedad individual lograda mediante el trabajo y el uso de su inteligencia y libertad» (Juan Pablo II); la actividad económica en la que predominen relaciones auténticamente humanas, de sociabilidad, solidaridad y reciprocidad (Benedicto XVI) y evitando «la adoración del antiguo becerro de oro, que ha encontrado su versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro» (Francisco).

La economía ha de estar al servicio del hombre, no al revés. Por ejemplo, el «trabajo por objetivos» puede ser una fórmula de estímulo del trabajador siempre que no le lleve a decir medias verdades a los clientes o a caer en la ansiedad personal para lograr lo propuesto.

Como en tantos campos, no hay reglas fijas, pero sí un sustrato moral que debe impregnar las decisiones, dando prioridad en cada caso a la conciencia y al deber de solidaridad con los más necesitados.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.