Vocaciones: una Pastoral de urgencia

Mons. Julián López            Queridos diocesanos: El mes de noviembre nos trae la celebración gozosa de los Santos, “los mejores miembros de la Iglesia”, y el recuerdo nostálgico de los  Difuntos, para los que pedimos que “merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza”, como decimos en las respectivas oraciones del Misal.

 

Pero, encontrándonos en el Año pastoral diocesano vocacional, permitidme volver sobre el tema de las vocaciones e invitaros a reflexionar a partir de esta pregunta: ¿Qué ha ocurrido en nuestra Diócesis, en otro tiempo muy rica en vocaciones, para que ahora nos encontremos ante una verdadera sequía vocacional? Porque no creo que sea un motivo de consuelo el comprobar que esta situación se manifiesta también en casi todas las diócesis con características socio-religiosas semejantes a la nuestra: descenso y envejecimiento de la población, secularización de las costumbres, debilitamiento de la vida cristiana, etc. ¿Será que nos falta valor para proponer el sacerdocio e incluso el diaconado permanente como un modo elevado de realización personal y de servicio al bien común en clave evangélica y cristiana? Con esta pregunta no me estoy dirigiendo solamente a los sacerdotes, especialmente a los mayores que han perseverado en su vocación superando a veces dificultades de toda clase. La formulo para todos los fieles diocesanos de cualquier edad, tanto seglares como personas consagradas, y la dirijo a los padres y madres de familia, a los profesores y educadores, y a los mismos jóvenes.

 El Papa san Juan Pablo II escribió en su luminosa exhortación “Pastores dabo vobis” (Os daré pastores): La Iglesia, que por propia naturaleza es «vocación», es generadora y educadora de vocaciones. Lo es en su ser de «sacramento», en cuanto «signo» e «instrumento» en el que resuena y se cumple la vocación de todo cristiano; y lo es en su actuar, o sea, en el desarrollo de su ministerio de anuncio de la Palabra, de celebración de los Sacramentos y de servicio y testimonio de la caridad” (n. 35). ¿Qué quería decir el Papa? Durante mucho tiempo se ha pensado que suscitar vocaciones era tarea tan solo del clero, de manera que la mayoría de los fieles cristianos apenas se ha interesado por este hecho incluso cuando se empezó a advertir el dato, señalado antes, de la disminución de los sacerdotes. Es cierto también que en épocas pasadas el sacerdocio fue contemplado como una oportunidad para acceder a un mejor nivel de vida y a un cierto status social, cuando no existían las oportunidades de hoy para estudiar y las familias tenían más hijos.

Este fenómeno, aunque en el pasado tuvo su peso en el número creciente de alumnos de los seminarios, sin embargo no afectó, en la inmensa mayoría de los casos, a la calidad y generosidad de las vocaciones que lograron la meta del sacerdocio. En este sentido, volviendo a la cita de san Juan Pablo II, la Iglesia -entiéndase la fe y el amor de sus miembros que se genera y alimenta en la parroquia o comunidad eclesial y en las familias- suscita y promueve siempre vocaciones, tanto a la vida cristiana, que será siempre la base de toda vocación, como al ministerio sacerdotal o diaconal.

La consecuencia me parece evidente: para contar con vocaciones al ministerio sacerdotal y diaconal es urgente y necesario fomentar la vida cristiana en nuestras comunidades y de manera especial y prioritaria en las familias. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella