Un amor sin límites

Mons. Eusebio Hernández        Queridos hermanos y amigos:  En este domingo la liturgia nos presenta un Evangelio breve, pero muy importante, que trata la cuestión del más grande de los mandamientos (Mateo 22,34-40). Este texto evangélico está, a la vez, en relación con la primera lectura que nos presenta un pasaje de la Ley de Moisés (Éxodo 22,20-26).

Nos dice el texto del Evangelio que un fariseo, doctor en la Ley, intenta poner a prueba a Jesús con esta pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”; la respuesta de Jesús es breve y precisa: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”.

La pregunta que el fariseo hace a Jesús no es fácil de contestar, conviene tener en cuenta que, además de los diez mandamientos, la Ley de Moisés contenía más de seiscientos preceptos y prohibiciones.

Jesús en su respuesta no elige uno de los diez mandamientos o uno de los preceptos o prohibiciones; elige un texto del libro del Deuteronomio (6,5) y otro del Levítico (19,18). ¿Por qué elige Jesús estos textos y no los Mandamientos? Los diez Mandamientos tienen una importancia excepcional pero, debemos decir que Jesús los resume y los pone en positivo con estos dos mandamientos. Su gran importancia reside en que fijan las condiciones para tener una relación positiva con Dios. Es decir, quien quiera vivir de acuerdo con Dios.

Los dos mandamientos nos presentan un ideal muy alto, amar a Dios con un amor completo e ilimitado y amar al prójimo como a uno mismo. A su vez, encierran una gran dificultad, pues con respecto al primero preferimos otras cosas que no son Dios y en ellas ponemos nuestro corazón y, por otra parte, amar al prójimo como a uno mismo resulta tantas veces difícil e incluso fastidioso. Tenemos por nosotros mismos un gran amor, un amor innato y lo que hacemos por el prójimo es muchas veces poco con respecto a lo que hacemos por nosotros mismos.

Pero, a su vez, lo que nos propone Jesús es un ideal maravilloso que responde al deseo más profundo de nuestro corazón. Hemos sido creados desde el amor y para amar. Dios que es amor nos ha creado para participar en su amor, para ser amados por Él y para amar con Él todas las otras personas.

Para conseguirlo debemos tener un deseo absoluto de la gracia de Dios, de recibir en nosotros la capacidad de amar que viene de Dios. El amor de Jesús se nos ofrece para amar al Padre como Él mismo lo ha amado y para amar al prójimo como también el mismo Jesús lo ama.

La Eucaristía de cada domingo o de cada día es una fuente de este amor. En ella Jesús se ofrece por nosotros y a nosotros. Cuando recibimos el Cuerpo de Jesús, recibimos a Jesús en el momento de su más grande amor, Él mismo se ha ofrecido al Padre por nuestra salvación y alimenta de esta forma en nuestra vida el amor.

Es este mandamiento del amor el que sostiene todos los demás mandamientos, lo que Dios mismo pide ya en el Antiguo Testamento como hemos escuchado en la primera lectura.

Crezcamos, pues, cada día todos juntos como Iglesia en el amor hacia Dios y hacia el prójimo. Esa es la meta de nuestra existencia en este mundo, eso será lo que al final de nuestras vidas quedará en nuestras manos para presentarlo a Dios.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

29 de octubre de 2017

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.