Almudena Villegas: “No entiendo mi vida sin la fe”

Almudena Villegas es Premio Nacional de Gastronomía (2002 y 2016). Mujer apasionada por el estudio de la historia y de la gastronomía como expresión cultural y antropológica de los pueblos, es autora de varias publicaciones. No entiende su vida sin la fe. Dios la ha llamado desde niña, desde el día de mi Primera Comunión.

Nacida en Córdoba, en el seno de una familia con ocho generaciones de médicos. Se incorpora al mundo profesional mayor ¿no es así?

Los primeros años me dedique a cuidar a mis hijos, en caso siempre había habido inclinación, una de mis abuelas que había vivido en Francia me transmitió su cosmopolitismo y su afición, la otra parte, gaditanos y cordobeses eran bodegueros en el Puerto y siempre probé el buen vino.

¿Cómo nace la pasión por la Gastronomía?

Mi inclinación era por la Historia, soy gran lectora desde pequeña, sin saber leer, era precoz, me aislaba y tenía un mundo muy cercano a los libros. Mi inclinación intelectual era por la Historia, de Gastronomía no se hablaba en aquellos años. Se confundía con otras materias, ahora es normal pero era un momento más austeros.

¿Recuerdas el día de tu Primera Comunión?

Fue uno de los días más importantes de mi vida, era una niña serie pero muy alegre, para nada triste. Mi madre nos puso un vestido corto y por la mañana no había dado tiempo a terminarlo, le dije que no me importaba, que podía hacerla con el uniforme escolar, en realidad me habían otro sentido de ese día mi familia era hondamente practicante y llevaba sus creencias a la vida diaria. No había falsedad, había sinceridad en las creencias.

Vivir así de pequeña ayuda a madurar la fe…

No entendería mi vida sin la fe. He pasado momentos tan duros como la muerte de mi hijo mayor y de la muerte de mi hijo he podido sacar alegría, eso no significa que no llore cada día. Tengo tres hijos, dos fuera de Córdoba y uno en el cielo, ¿cuál crees que está más lejos? a lo mejor el que está en el cielo no es el que está más lejos.  Nada te consuela pero la experiencia espiritual que es vivir la muerte como paso a una vida y desprenderte de tu carne no termina. Siempre está conmigo. Creo que eso es la fe. La fe está en el credo, no necesito más, es solo esperar algo mejor; entonces no sé por qué voy a perder la alegría de saber que tengo a mi hijo ya allí, sean cuales sean las circunstancias horribles de la muerte de un joven.

El dolor lo transformas en alegría y te ilumina un camino nuevo, también en el plano intelectual.

La vida cambia cuando se sufre algo así, pero estar tan cerca de la muerte te permite iluminarte con el bien y ver el mal. De alguna manera el mundo que nos da Dios que lo empañamos con cosas cotidianas que son como velos que nos quitan luminosidad, pero en el caso del creyente la muerte te debe llevar a vivir la vida con más pasión también en el plano del conocimiento. Siempre había tenido un impulso por el conocimiento en micaso, la gastronomía como parte de la cultura humana. A partir de aquello me sentí mas fuerte para continuar en el cuidado de mis otros hijos y también hacia una carrera profesional que en definitiva es la manera de saber los porqué  de la vida a los que nunca legaré, porque no están aquí.

¿Qué te ha aportado la Iglesia?

Soy bastante independiente, he vivido con muchos religiosos brillantes alrededor que me han aportado una idea diferente de la vida y un ejemplo. Mi relación con Dios es tan íntima tan y tan personal que ahí no entra nadie. Esa es nuestra. Estas personas, el Padre Sobrino o la Madre Maravilla, de la que fue madrina mi bisabuela y otras personas  – sacerdotes, monjas, religiosos- ,  han estado cerca y han estado siempre cerca con respeto. Ellos me han aportado mucha luz. Mi intimidad con el Señor la preservo.

A veces tuvimos una necesidad de Dios de acuerdo con nuestros planes ¿ruegas mucho a Dios?

Asumo y acepto la vida como viene y trabajo por cambiar las cosas para que mejoren, cuando no puede ser lo dejo en manos del Señor.

¿Qué debería cambiar la Iglesia?

La Iglesia que sobrevive dos mil años a tantas cosas, mi pequeñez no aporta más que mi testimonio. De alguna forma es el mensaje de Dios es de lo único que no se debe desprender nunca, vayamos a la esencia. Deberíamos hablar del cielo, parece que ha quedado ñoño. Se habla mucho de la relación horizontal pero no de la vertical, debemos recuperar la relación de las personas con el cielo. No hay que obviar esa parte tan importante del ser humano.

En Córdoba se vive la fe católica de manera especial.

No soy folclórica, en absoluto, me encantan las tradiciones pero me inclino por la mística pero mi forma de acercarme a Dios no es exactamente esa.

(Diócesis de Córdoba)

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