Búsqueda de razones válidas

Mons. Braulio Rodríguez          Ha sucedido a lo largo de la historia: en momentos de cambio, o en cambios de época, lo que más se resiente es la manera de considerar y comprender al ser humano, la antropología. Los efectos de la evolución de la sociedad en un sentido tecnológico no pueden limitarse a resolver problemas planteados por situaciones específicas de conflicto ético, social o legal. Es lo que suele hacer la cultura dominante y tantas veces la clase política en los parlamentos. Es preciso, más bien, inspirar conductas que respeten la dignidad humana, tanto en la teoría como en la práctica de ciencia y la técnica, para enfocar la vida, su significado y su valor. ¿Cuál, en efecto, el significado de la vida humana, de su origen y de su destino?

Tenemos entre nosotros la rápida difusión de una cultura obsesivamente centrada en la soberanía del hombre –como especie e individuo- con respecto a la realidad. Hay una verdadera adoración del yo, en aras del cual es sacrificado todo, incluyendo los afectos más queridos. Y esto no es bueno e inofensivo simplemente porque sea moderno y esté de moda; dibuja una persona que se mira constantemente en el espejo hasta que llega a ser incapaz de volver sus ojos a los demás y al mundo. El Papa Francisco describe en Laudato Si´, (núm. 48) que la propagación de esta actitud y las repercusiones gravísimas en el ambiente humano y en el ambiente natural es muy seria, porque ambos ambientes se degradan juntos; de hecho, no podemos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y social. Y las agresiones ambientales no olvidemos que las sufre sobre todo la gente más pobre.

Claro que son importantes los recursos económicos y los medios técnicos, pero también hay que tener en cuenta la amargura y la tristeza que un materialismo tecnocrático y la expansión del mercado del capitalismo salvaje proporciona a hombres y mujeres en los territorios de pobreza, donde abundan el descarte y el abandono. De aquí que haya que afirmar que un auténtico progreso científico y tecnológico debería inspirar políticas más humanas. Nuestro mundo necesita creyentes que, con seriedad y alegría, sean creativos y proactivos, humildes y valientes, decididos a recomponer las fracturas que se crean en el ser humano. La condición de adulto es una vida capaz de responsabilidad y amor, tanto hacia la futura generación como hacia el pasado.

La fuente de inspiración para retomar esta iniciativa es, una vez más, la Palabra de Dios, que ilumina el origen de la vida y su destino. El Papa Francisco ya enunció en la encíclica Laudato Si´ que hoy más que nunca es necesaria una teología de la Creación y la Redención que sepa traducirse en palabras y gestos de amor, para cada vida y para toda la vida, para acompañar el camino de la Iglesia en el mundo en que vivimos. Este escrito del Papa es como un manifiesto para volver a aceptar la visión de Dios y del hombre sobre el mundo, que nos ofrece los primeros capítulos del Génesis. Cada uno de nosotros es una criatura deseada y amada por Dios por sí misma, no solo “un ensamblaje de células bien organizadas y seleccionadas en el transcurso de la evolución de la vida. Toda la creación está inscrita en el amor especial de Dios por la criatura humana, que se extiende a todas las generaciones de las madres, de los padres y de sus hijos” (Papa Francisco).

La bendición divina del origen y la promesa de un destino eterno, que son el fundamento de la dignidad de toda vida, son de todos y para todos. Los hombres, las mujeres, los niños de la tierra son la vida del mundo que Dios ama y quiere salvar, sin excluir a nadie. Es preciso leer y releer siempre de nuevo el relato bíblico de la Creación para apreciar la amplitud y profundidad del gesto del amor de Dios que confía a la alianza del hombre y la mujer la creación y la historia. El Papa acaba de decir a los participantes de la Asamblea general de la Pontificia Academia para la Vida: “Esta alianza ciertamente está sellada por la unión de amor, personal y fecunda que marca el camino de la transmisión de la vida a través del matrimonio y de la familia… Esta es una invitación a la responsabilidad por el mundo, en la cultura y la política, en el trabajo y la economía; y también en la Iglesia. El hombre y la mujer no sólo están llamados a hablarse de amor, sino a hablarse, con amor, de lo que tienen que hacer, para que la convivencia humana se realice a la luz del amor de Dios por cada criatura. Hablarse y aliarse, porque ninguno de ellos –ni el hombre solo, ni la mujer sola- es capaz de asumir esta responsabilidad. Juntos fueron creados, en su bendita diferencia; juntos pecaron, por su presunción de reemplazar a Dios; juntos, con la gracia de Cristo, regresan a la presencia de Dios, para cumplir con el cuidado del mundo y de la historia que Él les ha confiado” (5 de octubre de 2017). ¡Impresionantes palabras! ¿Cómo confiar en tanta ideología de género que nuestros políticos están empeñados que aceptemos sin rechistar ante este pensamiento único?

 

+Braulio Rodríguez Plaza,

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.