“Por el trabajo decente. Octubre 2017”

Mons. Julián Barrio         Queridos diocesanos:  En el mes de octubre se nos convoca a tomar conciencia de la necesidad de un trabajo decente, en el contexto de la celebración de una vigilia de oración o de una Eucaristía.

Para el buen funcionamiento de la sociedad es prioritaria la promoción de un trabajo digno para todos. La carencia de trabajo genera pobreza y disgregación social, recordando que el papa Benedicto nos decía: “cuando el afán del lucro y la acción especulativa sin límites se imponen en los mercados, la persona humana está construyendo su casa sobre arena”. Las personas “descubren significado y confianza en el futuro cuando encuentran un trabajo de larga duración con la oportunidad de una merecida promoción”. Es urgente responder a las necesidades de quienes buscan un empleo digno y oportunidades para salir de la pobreza y evitar la marginación y la explotación. “Un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de la comunidad; un trabajo que de este modo haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna  a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Caritas in veritate, 63).

Para lograr este objetivo es necesaria la solidaridad, “elemento fundamental de la visión humanizadora del trabajo”. Es precisa  la subsidiaridad, “gracias a la cual es posible estimular el espíritu de iniciativa, base fundamental de todo desarrollo socioeconómico”. Y, además, es imprescindible la mirada de la caridad, esencial para el cristiano, que nos permite comprender más exactamente la realidad social. “Para ello se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese algo más que la técnica no puede ofrecer” (Deus caritas est, 31).

El papa Francisco con frecuencia manifiesta su preocupación por las personas que no cuentan con un empleo, viéndose menoscabados en su dignidad porque no son capaces de aportar alguna ayuda a la familia por medio de su trabajo. “Sin el trabajo el hombre no sólo no puede alimentarse, sino que tampoco puede autorrealizarse, es decir, llegar a su dimensión verdadera”. Consecuentemente debe ser garantizado el derecho al trabajo, “dedicando a ello los cuidados más asiduos y poniendo en el centro de la política económica la preocupación por crear  unas posibilidades adecuadas de trabajo para todos y principalmente para los jóvenes, que con frecuencia sufren hoy ante la plaga del desempleo”, escribía san Juan Pablo II.

De manera especial en estos momentos debemos renovar nuestro compromiso con la cultura del trabajo que exige renunciar a conductas consumistas y materialistas que no lo valoran. Es responsabilidad de la comunidad cristiana acompañar a las personas que no tienen un trabajo. Reafirmamos los principios fundamentales de la enseñanza social de la Iglesia como son la dignidad inviolable de la persona humana, el destino universal de los bienes de la creación, la participación de todos en la búsqueda de bien común, la solidaridad. Las condiciones difíciles o precarias del trabajo hacen difíciles y precarias las condiciones de la misma sociedad y de un vivir ordenado según las exigencias del bien común.

Nadie duda de que el auténtico camino para la inclusión social es el trabajo dignamente remunerado. No le es ajena a la Iglesia la vida de tantas personas que buscan su dignidad en el trabajo. ¡Redescubramos la dimensión social de la fe!

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Mons. Julián Barrio Barrio
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D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).