Sé valiente, la misión te espera

Mons. Gerado Melgar         La Jornada Mundial de las Misiones, —el Domund— nos recuerda, cada año, la misión de la iglesia y de cada uno de los que la componemos. La Iglesia existe para evangelizar, sin la misión de evange­lizar, la iglesia no tiene razón de ser. El Domund refresca nuestra concien­cia, como miembros de la Iglesia de Cristo, de que todos por el hecho de estar bautizados somos evangeliza­dores, es decir nos sentimos corres­ponsables de que el mensaje salva­dor de Cristo llegue a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Este año la Jornada del Domund viene anunciada con este lema: «Sé valiente, la misión te espera».

Con este lema se nos recuerda a todos que la fe cristiana no solo con­siste en vivirla nosotros privadamen­te, sino también en ser testigos de ella, es decir ser misioneros de nues­tra fe, para que a través nuestro lle­gue a otros y crean en el Señor. A este propósito decía el papa eméri­to Benedicto XVI, a la hora de procla­mar el año de la fe: «La fe es un don que Dios nos da, pero no para que le guardemos para nosotros solos, sino para que lo comuniquemos a los de­más».

El papa Francisco habla repeti­damente en su exhortación apostóli­ca Evangelii gaudium de que la evan­gelización necesariamente tiene que ser una evangelización misionera y que, cada uno de los cristianos, por el hecho de estar bautizados, somos y debemos considerarnos verdade­ros «agentes de evangelización mi­sionera».

El concepto de misión, según Be­nedicto XVI ha cambiado hoy bastan­te: «El campo de la misión ad gentes se presenta hoy notablemente dilata­do y no definible solamente en base a consideraciones geográficas, nos es­peran no solo los pueblos no cristia­nos, sino los corazones, verdaderos destinatarios de la evangelización».

Hace Benedicto XVI una referen­cia explícita a la vieja Europa cris­tiana, que hoy se encuentra en una situación de tierra de misión, y lo mismo nuestro país y nuestra dióce­sis y nuestros pueblos, nuestras co­munidades en las que estamos llama­dos todos a ser verdaderos y válidos instrumentos de evangelización, a través de los cuales el mundo conoz­ca a Cristo.

Vivimos en una sociedad descris­tianizada, e indiferente a la persona y el mensaje de Jesús. En esta socie­dad se dan distintos tipos de perso­nas situadas de distinta manera res­pecto de la fe:

 

  • Unos no conocen a Jesús, por­que nadie se lo ha anunciado ni dado a conocer y necesitan que se les anun­cie, que lo hagan presente para que lo conozcan.
  • Otros le conocieron, lo amaron y vivieron de acuerdo con su mensa­je y su estilo de vida, pero aquello es para ellos un puro recuerdo de algo pasado que hoy no les dice práctica­mente nada. La fe que un día tuvie­ron y practicaron ha quedado ahoga­da por el materialismo y el laicismo reinante de la sociedad actual.

Estos están necesitando de evan­gelización, de que alguien sople en el pequeño rescoldo, casi mortecino, que que­da de su fe, y re­descubran a Cristo como alguien que llena todos los an­helos, problemas y aspiraciones del ser humano.

  • Otros conocen a Jesús y tratan de ajustar su vida a sus exigencias, pero necesitan apoyo y ánimo por medio de la palabra y del testimonio de los demás que les aliente, les ani­me en sus esfuerzos por vivir la fe, viendo que otros también la viven y valoran.

La acción misionera de la Iglesia no es solo responsabilidad de los mi­sioneros, que fueron a tierras lejanas, dejando familia y patria. Es tarea de todos y cada uno de los compone­mos la Iglesia, que valientemente te­nemos que hacerla realidad allí don­de vivamos y con las personas que nos topamos cada día en nuestra fa­milia, en el trabajo, en la relación hu­mana y social.

En esta Jornada del Domund sin­tamos muy dentro y dirigid a noso­tros como sus seguidores: «Id, pues y haced discípulos de todas las gen­tes…. enseñándoles todo lo que yo os he enseñado» (Mt. 28,19-21), y cum­plamos valientemente las exigencias de la misión evangelizadora y misio­nera que Cristo nos ha encomenda­do.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.