Sé valiente, la misión te espera

Mons. César Franco, Obispo de Segovia      El día del Domund es siempre una llamada a la conciencia misionera del cristiano. El Domund nos recuerda —dice el Papa Francisco— a Cristo, el «primer y más grande evangelizador». Salió del Padre para evangelizar, y envió a los apóstoles como misioneros del Evangelio.

Evangelizar es anunciar a Cristo: su persona, sus gestos y palabras, su muerte y resurrección. Anunciar a Cristo es anunciar su amor a los hombres. Por eso, quien evangeliza sólo puede hacerlo con las mismas actitudes de Cristo. Sólo quien ama y se entrega a la misión puede ser testigo convincente de Cristo. Así lo han hecho los grandes misioneros.

 

El lema de este año nos habla de valentía. Esta palabra puede llevar a confusión. ¿Sólo los valientes pueden ser misioneros? ¿Qué significa ser valiente? ¿Hay que ser héroe o un superdotado? Sería un error pensar así. Conocemos a misioneros que son personas normales, con temores y miedos, con la conciencia de ser poca cosa, incluso incapaces. La valentía evangélica no es una actitud sobrehumana que nos equipara a los vencedores de las películas que tanto encandilan hoy a los niños y jóvenes. En el Nuevo Testamento, hay una palabra que suele traducirse por valentía, pero que es mucho más: es la parresía, una mezcla de convicción, certeza, alegría y fortaleza.

El testigo de Cristo es un convencido de que el Señor ha vencido el pecado y la muerte, ha destruido en su entraña misma el mal. Esta convencido del poder de Cristo y se fía de él. Los apóstoles, humanamente hablando, eran cobardes, temerosos, inseguros. El Señor les otorgó la convicción de la fe. Salieron a predicar con entusiasmo, no como ingenuos que desconocían los riesgos y peligros de la misión. Se trataba del entusiasmo de la misión, nacida de la victoria de Cristo.

Además de convicción, poseían la certeza de la fe. Sabían que aquello que predicaban era la Verdad. A veces, los cristianos, incluso los sacerdotes, predicamos con reservas internas y escepticismo. La gente percibe que no creemos del todo lo que predicamos. No estamos plenamente identificados con el mensaje: lo decimos sin la certeza que cautiva. Dice Romano Guardini que la fe es su contenido. ¿Creemos en los contenidos de la fe? ¿Recitamos el Credo con convicción? ¿Vivimos de la fe que predicamos?

Los apóstoles sufrieron persecución, cárceles, flagelaciones y muerte. Dice el libro de los Hechos que se alegraban por haber sufrido a causa de Cristo. La alegría de creer y de vivir la salvación es propia del misionero. Sin alegría no podemos trasmitir el mensaje de la vida y de la salvación. La primera característica del catequista, dice san Agustín, es la alegría. Sin ella, no podrá hacer convincente la predicación. Es la alegría propia de quien ha recibido un mensaje de salvación: Alégrate, dice el ángel a María. Esa es la alegría del misionero. Alégrate porque el Señor te ha mirado con amor y te ha destinado a cosas grandes.

Todo esto hace del misionero alguien fuerte. No es el valiente presuntuoso o temerario que todo lo fía a sus propias fuerzas o tácticas. Es el fuerte, edificado sobre la verdad, el sostenido por el Señor y su Iglesia. Es el creyente cuya esperanza no defrauda nunca. Es el cristiano, que desconfía de sí mismo y pone su vida en las manos de Cristo para que él disponga como quiera. Un hombre y una mujer así serán misioneros del evangelio. Vivirán, como dice el Papa Francisco, un éxodo continuo, una peregrinación y exilio. Se trata, en definitiva, de salir de uno mismo, de sus seguridades, y caminar hacia una patria sin fronteras, «sedientos de infinito, entre el “ya” y el “todavía no” del Reino de los cielos» (Papa Francisco).

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).