Funeral por los últimos militares fallecidos: “El amor es más fuerte que la muerte”, recuerda Mons. Juan del Río

En el día de hoy, se ha celebrado un funeral por el eterno descanso del que fuera Jefe del Servicio de Seguridad de la Casa de Su Majestad, Ilmo. Sr. Coronel de la Guardia Civil D. José María Corona Barriuso.

La Misa ha sido celebrada por el Arzobispo Castrense Mons. Juan del Río y concelebrando con el los capellanes castrenses D. Pablo Panadero Sánchez, D. Serafín Sedano y D. Ángel Díez Bustos y por el sacerdote de la Diócesis de Madrid, D. Jorge González Guadalix.

La celebración litúrgica estuvo dirigida por el Rector del Seminario Castrense San Juan Pablo II, D. Serafín Martínez Fernández y participando de acólitos varios seminaristas.

La Eucaristía de Exequias conto con la presencia de Sus Majestades los Reyes de España, Su Majestad la Reina Doña Sofía, Doña Clara, viuda del Coronel Corona, sus hijos José María y Clara, las hermanas del finado, Doña Mirian y Doña Ofelia, su suegra, hermanas y hermanos políticos, autoridades del Ministro del Interior y de la Guardia Civil, amigos, compañeros del Servicio de Seguridad y de la Casa de Su Majestad el Rey y conocidos.

La misa también fue aplicada por el eterno descanso de los dos pilotos recientemente fallecidos, el Capitán D. Borja Aybar y el Teneine D. Fernando Pérez, y por D. José Santás y D. Norberto Álvarez que prestaron sus servicios en la Casa de Su Majertad el Rey.

Homilía de la Eucaristía Exequial por D. José María Corona Barriuso

Capilla, Palacio del Pardo, 18-10-2017
Lam 3, 17-26; Sal 26; Jn 12, 23-28

Majestades Reyes de España; Su Majestad la Reina Doña Sofía; querida Dª Clara, viuda del Coronel Corona, hijos: José María y Clarita. Hermanas del finado: Dª Marian y Dª Ofelia; su suegra Dª Teresa, hermanas y hermanos políticos,  autoridades del Ministro del Interior y de la Guardia Civil, amigos, compañeros del Servicio de Seguridad y de la Casa de Su Majestad el Rey y conocidos de nuestro hermano: José Mari, Pepe, Cori. ¡Paz y salud a todos!

1. “Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?” “Me han arrancado la paz.. se me acabaron las fuerzas…estoy abatido”. Tanto la primera lectura como el evangelio describe perfectamente la situación interior que se vive cuando hemos perdido a un ser querido. Más aún este caso, en el que nuestro hermano José María paso largo tiempo en el “crisol” de la prueba y del sufrimiento. ¿Cuántas preguntas han surgido estos días en vuestras almas, estimada familia y amigos? Pero hay algo que “traigo a la memoria y me da esperanza”: ¡no todo puede terminar aquí, con la ausencia y pura descomposición de nuestro ser mortal! ¡No estamos hechos para el vacío, sino para la Vida! Intuimos humanamente y experimentamos por la fe cristiana, que el enigma del dolor y de la muerte solo se desvela en la esperanza de “un más allá”, donde la vida no termina, se transforma, y este pobre cuerpo dolorido se reviste de inmortalidad. De ahí, que la muerte no es un punto final. Al acabar nuestra peregrinación por este “valle de lagrimas”, viene el paso a la eternidad que anhela todo corazón humano.

2. “He aquí un servidor bueno y fiel a quién su Señor lo ha puesto al frente de su casa” (cf. Mt 25,21). Las palabras de la Escritura se cumple en nuestro hermano José Mari, que desde teniente de la Guardia Civil en 1982 hasta su fallecimiento, estuvo al servicio de la Casa de Su Majestad el Rey, vinculado de manera especial al entonces Príncipe de Asturias, hoy nuestro Rey Felipe VI. Majestades, sabemos lo mucho que lo queríais y valorabais, porque fue una excelente persona, buen corazón, un gran servidor de la Corona. Trabajador incansable, privilegió siempre la formación y la tarea de equipo, mediante la empatía del líder que generaba confianza y optimismo a su alrededor y sin crear enemigos. Su sentido de humor desbloqueaba cuestiones que parecían imposible de sacar adelante, pero al mismo tiempo podía ser el más contundente y directo cuando la situación lo requería. Con su ejemplo y sencillez buscaba lo mejor para la Casa, porque sabía que era el mejor servicio, que podía prestar a su querida España.

3. “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”. Nuestro hermano Pepe, era como un buen pan hogareño de esa histórica Castilla, echo a la lumbre de la dureza de la vida y el brillo del amor de los suyos. La aspereza de una temprana orfandad fue aliviada por el amor inmenso de su madre y el esfuerzo de sus hermanas aquí presentes. Desde la infancia, el espíritu de la Benemérita fue el horno donde se coció su carácter y virtud, que hizo de él un fiel caballero, un buen militar, un extraordinario hijo, hermano, esposo y padre. Era como esos viejos católicos de su amado Burgos.

4. Tan buen trigo y pan no puede ser desperdiciado por el olvido, ha de ser premiado con la vida eterna prometida a los “siervos buenos y solícitos” que siempre estuvieron atentos a la llegada de su Señor (cf. Lc 12, 35-48). Esta es la hora en que nuestro hermano Cori es glorificado por medio de la muerte y resurrección de Jesús, Hijo de Dios vivo, único Señor de cielos y tierra. Desde este acontecimiento crucial para la humanidad que es el Misterio Pascual, percibimos que cuando se cierren nuestros ojos con los que vemos al mundo y los hombres, enseguida volveremos abrirlos para contemplar la felicidad infinita del amor de Dios. ¡Qué gran dignidad y seguridad salir glorificado de este mundo donde se ha sufrido tanto!

5. En medio de esta turbación y aflicción, os doy una palabra de consuelo a ti Clara, esposa de José María, a vosotros José María y Clarita,  y demás familiares: “La misericordia del Señor no termina, y no se acaba su compasión” (Lam 17,24). No podemos devolveros físicamente aquel a quién tanto queríais, no tenemos fórmulas mágicas para ello. Pero si os puedo decir, desde la experiencia humana y cristiana que el “amor es más fuerte que la muerte” (Cat 8,6). Nadie os puede arrebatar el sabor del buen trigo convertido en pan de cariño y buenas acciones de tu esposo, de vuestro padre, de vuestro hermano. ¡Lo material pasa, pero lo espiritual permanece! El lenguaje del amor no conoce ni tiempo y ni espacio. Es por eso, que podemos seguir comunicándonos con aquellos que hemos amado tanto aquí en la tierra, sobre todo para los cristianos mediante el coloquio de la oración y la eucaristía por nuestros difuntos. ¡Solo el amor es eterno! ¡Nuestras pérdidas y separaciones no son más que un breve plazo!

¡Animo pues, sed valientes, es bueno esperar en el silencio la misericordia de Dios para con nuestro hermano, el Jefe de Seguridad de la Casa de S.M., el Coronel, José María Corona Barriuso! Descanse en Paz.

+ Juan Del Río Martín
Arzobispado Castrense de España

(Arzobispado Castrense)

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