«Sé valiente, la misión te espera»

Mons. Julián Ruiz Martorell   Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz. El año pasado, el organismo responsable del Domund, que es el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, distribuyó 87.040.388,09 euros, de los cuales España aportó 12.256.618,25 euros.

Con los más de doce millones de euros de la aportación española se sostuvieron 658 proyectos misioneros: 482 en África, 118 en América, 42 en Asia y 16 en Oceanía.La ayuda de España llegó a 176 diócesis de 37 países, en 4 continentes, y se destinó a gastos ordinarios, construcción y reforma de edificios, compra de vehículos y medios de locomoción para misioneros y agentes de pastoral, equipamientos de locales parroquiales, comunicación y actividades de pastoral. Con el paso del tiempo, la salud de los misioneros se debilita, pero la misión sigue siendo urgente e imprescindible. Se necesita un recambio generacional para continuar con el proyecto de evangelización. Se requiere un relevo para que el anuncio de la Buena Noticia siga llegando hasta los rincones más apartados del planeta. Hay muchas personas que todavía no han entrado en contacto con Jesucristo y este hecho no nos deja indiferentes.Los misioneros no cruzan las fronteras para dedicarse exclusivamente a realizar obras sociales y asistenciales. Les apasiona el amor por Jesucristo. Se sienten atraídos y enviados para ser testigos cualificados del Señor. Y la evangelización incluye también la promoción humana integral, el desarrollo de los pueblos, la atención a los más necesitados, vulnerables y excluidos. Y donde hay misioneros surgen capillas y escuelas, oratorios y hospitales, grupos de lectura creyente del Evangelio y centros de salud. Donde hay misioneros se trabaja en la catequesis y en la alfabetización; en la celebración de la fe y en las comunicaciones sociales; en el testimonio gozoso y en la asistencia socio-caritativa; en el anuncio de Jesucristo y en la búsqueda de la justicia.La misión “ad gentes”, en condiciones precarias, también es cuestión de valentía. Los misioneros no se sientes héroes, pero han dado pasos decisivos en sus vidas y han aceptado decisiones arriesgadas. Ponen en juego su salud, su integridad física, su proyecto personal de vida. Están a miles de kilómetros de sus familias, pero llevan a los suyos en el corazón. Y precisamente sus corazones se dilatan para que quepan muchos, todos, sin excepción. Los misioneros se entregan sin condiciones hasta el último suspiro.   Los jóvenes que tienen por delante el horizonte de toda una vida han de preguntarse por el sentido y la plenitud de sus proyectos. La misión espera a quienes viven con generosidad, con amplitud de miras, con sencillez de corazón y con audacia, decisión y valentía.Escuchemos atentamente una reflexión que se nos propone entre los materiales para esta jornada: “A cada uno de nosotros, por el bautismo, se nos ha confiado la misión de ser testigos valientes en medio de nuestra vida. Ser valiente significa salir de mis seguridades para encontrarme con el otro. Ser valiente es dejarme involucrar y comprometer. Ser valiente es sentirme responsable de la misión ad gentes y colaborar desde la oración y económicamente. Ser valiente es responder a la llamada a implicar mi vida en la evangelización universal”.El Papa Francisco escribe en Evangelii gaudium: “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar, no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en el mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar” (EG 273).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.