Crecer en la comunión (y IV)

Mons. Enrique Benavent         En semanas anteriores hemos comentado dos objetivos de las orientaciones pastorales diocesanas: la necesidad de avanzar en la coordinación de la vida eclesial y de reforzar las estructuras que aseguran la transmisión de la fe.

Hoy quiero comentar un tercer objetivo de estas orientaciones que guiarán la vida de nuestra diócesis durante los próximos tres años: que todos aquellos que en nombre de la Iglesia se han comprometido en el servicio a los más pobres y necesitados, además de recibir una formación “técnica” para realizar mejor su tarea, puedan crecer en una espiritualidad de la misericordia. Un objetivo que deberán intentar poner en práctica especialmente las asociaciones e instituciones eclesiales que se dedican a las actividades sociales y caritativas.

Los motivos que nos han llevado a incorporar este objetivo son diversos. El primero tiene que ver con el jubileo de la misericordia que, convocado por el papa Francisco, clausuramos en noviembre del año pasado. Entonces el Papa nos recordó que, aunque terminara el año jubilar, la puerta de la misericordia no se cerraba en la Iglesia; ni la misericordia de Dios para con los pecadores, que “es eterna”; ni el compromiso de ser misericordiosos con los pobres, que es la manifestación humana del amor de Dios para con los más necesitados.

En nuestra diócesis ha quedado un signo que nos ayuda a mantener vivo el recuerdo de este mensaje jubilar: celebrar un encuentro anual de los voluntarios en el servicio social y caritativo de la Iglesia. Es una ocasión para conocernos mútuamente, reflexionar juntos sobre nuestro compromiso y animarnos en la tarea común. La inclusión de este tercer objetivo pretende que mantengamos vivo el espíritu de esta celebración tan querida por el papa Francisco, y que debe dar un estilo a nuestra vida eclesial.

Otro motivo es que en la formulación del objetivo hablamos de un crecimiento en la “espiritualidad” de la misericordia. La Iglesia no es una ONG. Su misión consiste en hacer presente el amor y la gracia victoriosa de Dios para el mundo. Y esto se debe percibir en todas sus actividades, incluidas las de sus instituciones caritativas. La eficacia no puede ser el criterio decisivo a la hora de revisar nuestro trabajo, sino la trasparencia de la identidad cristiana, que debe percibirse tanto en lo que hacemos, como en el modo de hacerlo.

El papa Benedicto XVI, en la encíclica Deus caritas est ya insistió en la necesidad de una formación espiritual en los voluntarios de caritas y de las instituciones cristianas. El papa Francisco en la carta misericordia et misera, con motivo de la clausura del año jubilar, nos ha invitado a crear una cultura del encuentro con los más necesitados basada en las obras de misericordia, que son, dice el Papa, “artesanales”, porque lo decisivo no es la ayuda material, sino llegar al corazón de las personas. Esto solo lo puede hacer quien entiende su compromiso como una cercanía al que sufre, quien sabe que junto a las obras de misericordia corporales están las espirituales y quien en la plegaria se deja abrazar por el corazón amoroso del Padre para amar del mismo modo a sus hermanos.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
Acerca de Mons. Enrique Benavent Vidal 198 Articles
Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.