«Sé valiente. La misión te espera»

Mons. Francisco Pérez             Si tuviéramos que hacer una valoración de lo que significan los misioneros en la sociedad, no tendríamos palabras para definir la grandeza de aquellos que, sin saber a lo que se exponen, entregan su vida gratuitamente por los más pobres. No se paran a pensar en todas las dificultades que se van a encontrar puesto que entregan su vida a fondo perdido. Son valientes pero no por los resortes de un sentimentalismo solidario sino porque Jesucristo les ha fascinado y quieren seguir su mismo ejemplo. Son valientes porque viendo la miseria espiritual y material se lanzan a cualquier lugar de la tierra para anunciar e Jesucristo como el único que puede cambiar y aliviar a las personas sean de donde sean. Y son valientes porque más allá de sus heroicidades que no aceptan como tal aunque se lo digamos, está el silencio humilde de un testigo que quiere pasar desapercibido porque lo ha aprendido en las páginas del Evangelio.

He tenido la oportunidad de visitar a misioneros en su propia tierra de misión y siempre he notado su compostura sencilla y alegre. Cualquier adversidad la soportaban con un sentido humano valiente y que se sentía presentir que los sufrimientos de los pobres era su lugar de consagración. Se encarnan tanto entre ellos que cuando vienen a nuestra tierra, en Europa, se sienten huérfanos y prefieren marchar cuanto antes a estar con aquellos que son como el oxígeno de su vida. Aquí tenemos de todo pero, según ellos, nos falta calor humano. Allí son pobres y encuentran los corazones ardientes de afecto y amor. No se pueden desenganchar de sus hijos y siempre los recuerdan como la mejor herencia que han recibido. Aún recuerdo un misionero de 90 años que vino un tiempo a nuestras tierras; constantemente me estaba recordando que no se encontraba bien y quería volver a su misión. Al final ha vuelto con los suyos, su propia gente, y allí es feliz y quiere estar hasta el final de su vida. ¡Qué tendrá la misión que tanto fascina! Un amor entregado engendra familia y a la familia se la quiere.

Estamos celebrando la Jornada del domingo mundial de las misiones (DOMUND) y para todo cristiano y persona de buena voluntad nos ha de ayudar a elevar el espíritu para asociarnos con gozo y en la medida de nuestras posibilidades para recrear la misión que es anunciar el evangelio donde quiera que estemos y según la vocación que Dios nos ha regalado. La misión tiene como cimiento fundamental el cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida. No está en el lugar sino en saborear lo que en estas circunstancias Dios nos pide: “Yo te he glorificado sobre la tierra llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar” (Jn 17,4). Y siempre con una finalidad que es la de dar gloria a Dios. Buscar hacer el bien a los demás, vivir la caridad a los demás y quedarse en esa satisfacción de hacer el bien es no llegar a la rectitud de intención. Sólo por gloria de Dios, sólo por amor a Dios se realiza la misión. Esta es la misión fundamental y todo para que no seamos nosotros los protagonistas sino Aquel por quien nos hemos entregado. “El que con puro amor obra por Dios, no solamente no se le da de que lo sepan los hombres; pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiera de saber, no cesaría de hacer los mismos servicios y con la misma alegría y amor” (San Juan de la Cruz).

Es un tiempo muy adaptado para reflexionar sobre el mandato del Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado” (Mt 28,19-20). Aprovechemos todas las circunstancias que nos toque vivir para llevar el gran tesoro del amor de Dios a los demás. Y es tiempo para apoyar a los misioneros que saliendo de su tierra. Necesitan nuestra oración y fraterna colaboración económica como expresión de nuestra caridad más sincera. La misión nos espera y la misión la vivimos juntos como hermanos. ¡Seamos valientes!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).