Carta del obispo de Zamora

Mons. Gregorio Martínez Sacristán              Muy queridos amigos: Iniciábamos hace diez días el presente curso pastoral asumiendo como objetivo para toda nuestra Iglesia Diocesana el compromiso de ahondar en la espiritualidad fundada en la doble dimensión constitutiva de todos los creyentes: discípulos y misioneros, mientras que el próximo domingo, con toda la Iglesia, celebraremos la Jornada Mundial de las Misiones. Por tanto, el DOMUND nos
ayuda a adentrarnos con ilusión, intensidad y vigor en la
dimensión misionera que es una de las claves nucleares del
ser y del hacer cristiano, o sea, renueva nuestra conciencia
y responsabilidad de enviados por Jesucristo a testimoniarlo.

La Iglesia, y en ella cada uno de sus miembros, es misionera por naturaleza, ya que ha nacido y sigue extendiéndose gracias al envío personal del Señor Resucitado para hacer discípulos suyos a los hombres y mujeres de todos los rincones de la tierra. Con la acción misionera los cristianos prolongamos la misión que Él recibió del Padre:anunciar el Evangelio que nos ofrece la vida nueva de los hijos de Dios. Esto supone que “a través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando”, como afirma el Papa en su Mensaje para la Jornada de las Misiones.Es decir, “Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación”.

Desarrollando nuestra misión, los creyentes ofrecemos a todos esa experiencia gozosa de habernos encontrado con una persona: Jesús, el Hijo de Dios, que es la Buena Noticia de Dios para nuestra vida personal y social. Testimoniamos así que, recibiéndolo con fe humilde y laboriosa, participamos en su vida, asociándonos a su misterio pascual. Por ello, sentirnos misioneros conlleva que, por medio del Bautismo, el Evangelio es la fuente de una vida nueva, liberada del pecado y transformada por el Espíritu Santo. El cual, por medio de la Confirmación, nos fortalece, nos impulsa y nos sugiere nuevos caminos para evangelizar.

Viviremos nuestra identidad misionera, como nos recuerda el Papa, si nuestra existencia cristiana “está animada por una espiritualidad de ‘éxodo continuo’”. Esto
implica “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. Por lo tanto, todos los creyentes somos enviados a ayudar a hacer sentir a cada ser humano que es un sediento en camino hacia Dios, ya que sólo Él nos puede saciar la sed de verdad y de justicia. Esto nos debe motivar a vivir el DOMUND como una oportunidad favorable para que cooperemos
más decididamente en la acción evangelizadora, ejercitando la oración, el testimonio de vida y la comunicación de los bienes a favor de tantos creyentes, y de las actividades y comunidades que hoy están plantando el nombre de Cristo.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

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D. Gregorio Martínez Sacristán nace en Villarejo de Salvanés, en la provincia de Madrid y Diócesis de Alcalá de Henares. Se formó en el Seminario Mayor de Madrid y fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1971. Es licenciado en Teología, con especialización en Catequética, por el Instituto Católico de París, donde cursó estudios de 1974 a 1976. Cargos pastorales Su ministerio sacerdotal ha estado vinculado a la Diócesis de Madrid. La parroquia del pueblo madrileño de Colmenar de Oreja fue su primer destino. Estuvo como coadjutor entre 1971 y 1974. Tras un paréntesis de dos años para cursar estudios en París, regresó a España. Ese mismo año, 1976, fue nombrado coadjutor de la parroquia de Santa Eugenia, donde permaneció hasta 1978, y responsable del Departamento para los Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis, cargo que desempeñó hasta el año 1982. Mientras, durante el año 1978, fue capellán del Hospital Beata María Ana de Jesús. También ha sido, de 1988 a 1995, director del Instituto de Teología a distancia; colaborador en la parroquia de San Vicente Ferrer, de 1983 a 2002; y miembro y relator del III Sínodo diocesano de Madrid, durante el año 2005. Desde el año 1995, es delegado diocesano de Catequesis; profesor de Catequética en la Facultad de Teología San Dámaso; colaborador en la parroquia de San Ginés de Madrid, desde 2002; y miembro del Consejo Presbiteral, desde el año 2003. El 15 de diciembre de 2006 fue nombrado Obispo de Zamora y tomó posesión de la Diócesis el 4 de febrero de 2007. Otros datos de interés En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2008 a 2011. Desde este último año es miembro de la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural