Un nuevo curso para servir con alegria

Mons. Jesús Murgui            Queridos diocesanos:  Hemos dado comienzo al nuevo curso 2017-2018 compartiendo el Plan Diocesano de Pastoral, ofreciendo e impulsando sus grandes líneas en los principales encuentros realizados hasta el día de hoy: con los Arciprestes, los Delegados Diocesanos, los sacerdotes por Vicarías, el conjunto del Pueblo de Dios –especialmente laicos y personas consagradas- también vicaría a vicaría, con los Colegios Diocesanos, y con algunos movimientos y realidades eclesiales que nos han brindado la oportunidad en sus actos del mes de septiembre. Y hemos querido vivir ese ofrecimiento en esos encuentros en un contexto de oración, puesto que en los tiempos que corren importa mucho pedir a Dios su luz y su fuerza, pues sentimos especial necesidad de su gracia, sabedores de que “si el Señor no construye la casa…” nuestros planes y proyectos resultan simples proyectos humanos y no su obra, que es, en definitiva, lo que interesa a nuestra Iglesia y a la humanidad a la que servimos desde ella.

Como hemos ido explicando, nuestro Plan Diocesano de Pastoral nace inspirado por las diversas necesidades presentes en nuestra Iglesia Diocesana y, de modo muy especial nace del impulso que el Papa Francisco ha tratado de hacer llegar a la vida de la Iglesia en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio),invitando a todos los fieles cristianos a “una nueva etapa evangelizadora” (EG 1), por lo que nos llama a ser una Iglesia “en salida”, misionera; y para lo que invita a cada cristiano a renovar “su encuentro personal con Jesucristo” (EG 3). Encuentro con el Señor que nos transforma, nos hace “nacer de nuevo”. Siempre es oportuno recordar que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la viday, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI “Deus caritas est”, 1).

A las dos palabras de referencia del Plan Diocesano para estos años: Encuentro y
Misión. (El encuentro con Cristo nos conduce a la necesaria misión). Unimos la
consideración, especialmente en este curso, de la capacidad que tiene el encuentro con el Señor de engendrar en nosotros una nueva mentalidad, cambiándonos,
convirtiéndonos. Él, por su Espíritu nos hace entender, va creando una nueva
mentalidad, la mente creyente, la mente de Cristo.

Os animo a acoger el Plan Diocesano de este curso que comenzamos como una
propuesta de renovación, como un medio que con su “itinerario formativo”, mediante la Lectio Divina, nos pone a la escucha del Señor como Nicodemo, para alcanzar la mente de Cristo. Y mediante su “itinerario pastoral” nos orienta a dar pasos de renovación pastoral en nuestras Parroquias y comunidades, así como a avanzar en los servicios  diocesanos, en concreto en el presente curso, hacia una adecuada síntesis entre Evangelio y Cultura.

Asimismo, os invito a ver el Plan Diocesano de Pastoral como un instrumento de
comunión, que puede ser de gran ayuda para aunar esfuerzos y tareas en el seno de cada parroquia o comunidad, así como en esa unidad pastoral natural que es cada
arciprestazgo, y, también, en el conjunto de la Diócesis. Aplicadlo desde las concretas circunstancias y posibilidades. Con constancia y con fe, su adecuada aplicación a lo largo de estos años, con el deseo de que sea instrumento de renovación y de comunión, puede ir promoviendo un camino pastoral que, desde la continua escucha de aquello que nos indica el Señor por su Espíritu a cada uno, a cada comunidad y al conjunto de nuestra Iglesia Diocesana, nos irá confirmando como Iglesia que sale con convicción y alegría a la misión.

Papa Francisco en su carta a los jóvenes, escrita con motivo del anuncio del Sínodo de los Obispos del próximo octubre de 2018 sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el
discernimiento vocacional”, evoca las palabras de Dios a Abrahán: “Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” (Gn 12,1). Y lo hace para indicar que el Padre nos invita a salir, también hoy, “para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo nos acompaña”.

Me hago eco de sus palabras para que las hagamos nuestras todos los que trabajamos “en la viña del Señor”, en las parroquias y comunidades de nuestra Diócesis de Orihuela-Alicante, con el ansia de servir a esta querida tierra y a sus gentes a las que somos enviados.

Mucho ánimo. Buena tarea. Feliz curso.
Con mi bendición y afecto a todos.

+ Jesús Murgui Soriano.
Obispo de Orihuela-Alicante.

Mons. Jesús Murgui Soriano
Acerca de Mons. Jesús Murgui Soriano 173 Articles
Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.