El Rosario: la oración de los sencillos, la oración del corazón

Mons. Eusebio Hernández       Queridos hermanos y amigos: En este mes de octubre, mes tradicionalmente unido a la Santísima Virgen y al rezo del Santo Rosario, de hecho muchas veces nos hemos referido a él llamándolo el “mes del Rosario”, quiero invitaros a retomar esta devoción secular.

Desde la Edad Media hasta nuestros días, los Papas han insistido siempre en inculcar esta devoción en el pueblo de Dios. No es una oración pasada de moda o propia de otras épocas, los Papas después del Concilio Vaticano II siempre han querido dar una palabra para transmitir y actualizar el rezo del Rosario.

San Juan XXIII invitaba a rezar el Rosario con estas palabras: “El Rosario, como todos saben, es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a guisa de mística corona, en la cual las oraciones del ‘Pater noster’, del ‘Ave María’ y del ‘Gloria Patri’ se entrelazan con la meditación de los principales misterios de nuestra fe, presentando a la mente la meditación tanto la doctrina de la Encarnación, como de la Redención de Jesucristo, nuestro Señor”.

El beato Pablo VI quiso dedicar, pocos años después de la conclusión del Concilio (1974), una Exhortación Apostólica dedicada al culto de la Virgen María (Marialis Cultus), dentro de este amplio documento en el que presenta el culto a la Virgen, dedica un profundo y amplio apartado al Rosario. Quiero subrayar una invitación que el Papa hacía en un apartado final del documento: “no cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe ser considerado como una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar”.

San Juan Pablo II al inicio del nuevo siglo (2002) dedicaba una Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”. La carta es una instrucción sobre la riqueza espiritual del Santo Rosario, el modo de recitarlo y la incorporación de los Misterios de la Luz que consideran la vida pública de nuestro Señor Jesucristo.

En ella san Juan Pablo subraya algunos aspectos de esta oración: El Rosario es una presentación orante y contemplativa, que trata de modelar al cristiano según el corazón de Cristo. Podríamos llamarlo el “camino de María”. Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la “escuela” de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la madre del Redentor.

También Benedicto XVI dedicó varias catequesis para fomentar el amor al rezo del Rosario y presentarlo como una práctica válida para nuestros días: “Hoy, juntos, confirmamos que el santo rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia. Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera. En el mundo actual, tan dispersivo, esta oración ayuda a poner a Cristo en el centro, como hacía la Virgen, que meditaba en su corazón todo lo que se decía de su Hijo, y también lo que él hacía y decía” (Palabras al final del rezo del Santo Rosario Basílica Santa María la Mayor 3 de mayo de 2008).

Por último, también el papa Francisco ha hablado de él: “El Rosario es la oración que acompaña siempre la vida, es también la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón”. Rezando el Rosario, nos dice el Papa: “le entregamos todo a Dios: nuestras fatigas, nuestros dolores, nuestros miedos, pero también nuestras alegrías, nuestros dones, nuestras personas queridas, todo a Dios. Rezando permitimos a Dios entrar en nuestro tiempo para que acoja y transfigure todo lo que vivimos”.

Volvamos pues con confianza a esta sencilla forma de orar y meditar junto a la Virgen María y con ella sentirnos enviados a anunciar lo que hemos meditado.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 274 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.