“Sé valiente. La misión te espera”

Mons. Julián Barrio         Queridos diocesanos:   Con este lema la Iglesia nos llama en la Jornada Misionera Mundial a dar razón de nuestra fe, asumiendo el riesgo de la misión que no es “la propagación de una ideología religiosa ni tampoco la propuesta de una ética sublime”, como dice el Papa en su Mensaje para esta Jornada. La misión es anunciar a Cristo resucitado y su Evangelio. “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable” (EG 276). El papa Francisco sacude  nuestra soñolencia en la vida cristiana diciéndonos de manera incisiva que no nos dejemos robar el entusiasmo misionero, la alegría evangelizadora, el ideal del amor y la fuerza misionera, equipaje que debemos llevar en nuestra alforja a la hora de ir al encuentro de los demás en las distintas periferias en que puedan encontrarse (cf. EG 80, 83, 101, 109). “La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino”[1]. Todos somos discípulos misioneros. La actividad misionera es “el mayor desafío para la Iglesia” (RM 34).

Valentía para la misión

Jesús acoge con audacia, valentía y humildad la misión que el Padre le había confiado. Habla abiertamente, asume la realidad y no se esconde ante las dificultades que le sobrevienen. Es el referente de la Iglesia en salida dispuesta a superar los obstáculos que puede encontrar en esa preocupación de dar a conocer a Cristo. Este fue el ejemplo que nos dejó en el peregrinar eclesial desde el primer momento la comunidad cristiana. Así lo constatan los Hechos de los Apóstoles donde se refleja que estos daban testimonio de la resurrección de Cristo con valentía, sabiendo que era necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Esta convicción le costó la vida al apóstol Santiago el Mayor que fue el primero de los apóstoles en beber el cáliz del Señor. Los cristianos mostraron siempre fortaleza en las circunstancias más difíciles. Pablo escribirá a los Romanos: “Nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia virtud probada, la virtud probada esperanza, y la esperanza no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,3-5). Así lo testimonian los apóstoles que “salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre de Jesús” (Hech 5,41). En este sentido necesitamos tener un corazón valiente para dar ese salto que nos sitúe allí donde tantas personas nos necesitan.

Llamados, elegidos y enviados

Para llevar a cabo la misión hemos de asumir el riesgo de anunciar a Cristo y estar arraigados en Él. Esto comporta ser personas capaces de saborear la cruz y contagiar el gozo de la resurrección, dispuestas a vivir nuestra condición de hijos de Dios y la fraternidad de los unos con los otros, cercanas a Cristo y poseídas por la esperanza con la conciencia de que la fe ha vencido al mundo (1Jn 5,4). Esta certeza genera paz, alegría y esperanza. Esta es la misión que nos espera y que comporta conocer la Palabra de Dios que nos lleva a oír a Cristo, saber que la cruz nos incorpora a la muerte y resurrección del Señor, y tener la valentía para estar dispuestos a vivir la actitud martirial como tantas personas, comunidades cristianas y pueblos la están afrontando hoy. Anunciar a Jesucristo exige compromisos de justicia, de caridad fraterna, de ofrecimiento a Dios Padre y de servicio a los hermanos. “La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, de ayudar a que esta liberación nazca, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea verdaderamente total. Todo eso no es extraño a la evangelización” (EN 30).

Exhortación final

“La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propaganda de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización”[2]. Como el pasado año os recuerdo al apóstol Santiago el Mayor que llegó hasta nosotros para traernos el mensaje de Cristo, y os animo a manifestar nuestro agradecimiento a todos los misioneros y misioneras, y a todas las personas que les acompañan en el compromiso de anunciar el Evangelio, asegurándoles nuestra oración, ayudando económicamente según nuestras posibilidades y apoyando las vocaciones misioneras. Es siempre actitud misionera salir al encuentro de los demás para anunciar a Cristo. ¡Seamos generosos material y espiritualmente!

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

Mons. Julián Barrio Barrio
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D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).