¿Qué modelo de persona hay que educar?

Mons. Francesc Pardo i Artigas         Vivimos en una sociedad  plural  en la que hallamos muchas y diversas concepciones antropológicas de lo que ha de ser una persona. Es por eso que coinciden muchas y diversas concepciones de lo que significa educar a la persona y del tipo de persona a educar.

Los cristianos hemos querido y queremos dialogar a partir de los conceptos culturales de nuestra época, con las diversas concepciones de persona que se nos ofrecen. Estamos convencidos que nuestra propuesta de “persona” es razonable, viable y muy adecuada al momento presente.

La propuesta se fundamenta en el Evangelio de Jesús y recoge la sabiduría acumulada a lo largo de generaciones por medio de “la tradición cristiana”. No es una propuesta de unos pocos ni de un patrimonio privado, sino que está abierta a todo el mundo con la pretensión y la certeza de su validez.

Una persona concebida como un don. Y, por lo tanto, agradecida por lo que es y por lo que puede llegar a ser. A la que se le hace el regalo de los demás y del mundo. Un ser amado por sí mismo y no en función de lo que hace. Alguien destinado a ser feliz para siempre. Concebir la persona como un don único e irrepetible nos hace estar muy atentos a la singularidad de cada cual y a una educación muy personalizada.

Libre y con identidad propia, comprometida con un estilo de vida por el que ha optado conscientemente a partir del Evangelio y de los valores que la historia humana ha ido descubriendo y reconociendo como creadores de persona y de comunidad. Afirmar la propia identidad no ha de llevarnos a la concepción  de secta, antes al contrario, a la dimensión de universalidad. Persona afirmada en su propia identidad con un gran sentido de universalidad.

Crítica y reflexiva, que analiza en profundidad la realidad en la que vive, que conoce sus propios condicionantes y que lucha por la construcción de un mundo más justo y solidario. La actitud reflexiva y crítica no la conduce al “derrotismo”, sino a la acción de sus posibilidades y responsabilidades.

Activa y comprometida; acogedora, solidaria y servicial, que se integra en las condiciones de su contexto vital, que se siente parte de su comunidad más inmediata con actitudes de servicio, preferentemente hacia los más débiles, que lucha por construir relaciones de igualdad y de solidaridad en su entorno y más allá.

Agradecida y contemplativa, abierta a la relación con Dios y formando comunidad con los demás. La doble dimensión de apertura a Dios y a los demás tiene muchas consecuencias en el talante de la persona. Desde vivir la vida con agradecimiento como un don con capacidad de “contemplar” y no de mirar únicamente de forma superficial lo que sucede, hasta la posibilidad de establecer una relación personal con Dios y abrirse a la fe.

Que ama la naturaleza y el entorno, buscando alternativas de vida que favorezcan su conservación e impidan su destrucción. Que vive en austeridad, consciente que no se trata de tener más sino lo necesario.

Constructora de paz, estableciendo relaciones profundas con los demás  sin servirse nunca de ellos, y que se esfuerza por extender esta actitud a todos los ámbitos de la sociedad.

Creyente, porque descubre y vive lo que el Señor le ofrece.

Ésta es solo una muestra de la aportación de los cristianos a la concepción de la persona que hay que educar, pensando en ella misma y en el conjunto de la sociedad.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 425 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.