José Antonio García Quintana, sj: «Los internos nos piden ser escuchados»

El domingo 24 de septiembre se celebró el día de La Merced, ¿cómo lo viven los internos en la cárcel?

La prisión es un reflejo de lo que es la sociedad. Por lo tanto nos encontramos con personas mayores que todavía conservan un recuerdo de la celebración del día de la Virgen de la Merced, su significado histórico y religioso. Para el público joven, es una curiosidad y una novedad. Cuando les explicamos su significado histórico y su aplicación actual, les gusta.

¿Qué papel juega la Pastoral Penitenciaria en el día a día de la cárcel?

La Pastoral Penitenciaria es heredera de las antiguas capellanías de prisiones, donde los capellanes dependían más del director de la prisión que de su obispo. Los acuerdos entre la Santa Sede y el Gobierno español en 1979, en la línea del Vaticano II, vinieron a corregir las disfunciones que eso producía. Desde entonces, las diócesis asumen la Pastoral Penitenciaria y el Obispo es el último responsable, que nombra a un delegado y capellán para la asistencia humana y religiosa en el Centro Penitenciario.

La Pastoral penitenciaria abarca, en colaboración con otras entidades de Iglesia como Cáritas y otras ONG, la prevención, la asistencia en la prisión y la reinserción como horizonte último de nuestra intervención. Y eso lo hacemos a través de tres dimensiones: la jurídica, con apoyo a personas que necesitan orientación; la social, con ayudas a los internos indigentes, organizando cursos que son solicitados por los internos y equipos técnicos de los diferentes módulos y en los que en la medida de nuestras posibilidades, vamos respondiendo, y la dimensión religiosa, don de ofrecemos el acompañamiento y orientación a las personas que lo solicitan, el catecumenado de adultos, las celebraciones religiosas, celebración de los sacramentos y la celebración dominical de la eucaristía.

¿Cuál es la actitud de los internos ante las actividades religiosas que propone Pastoral?

Para todas las personas, la entrada en la prisión, es un momento muy duro de su vida. Podríamos decir que es de las experiencias más radicales y duras que puede experimentar un ser humano. Es una experiencia de soledad, abatimiento, replanteamiento de su vida, y donde en muchos casos, la persona conecta con su realidad más personal. Todo esto acompañado en un ambiente de cierta penuria, austeridad y en muchas ocasiones, de hostilidad. Para muchos, el volver a conectarse con su vivencia religiosa, es redescubrir a un Dios, que en su Hijo Jesús, se muestra como compañero de fatigas, cercano, bondadoso y cuyo juicio va más allá de la mera justicia humana. Su justicia es el perdón y la misericordia. Porque efectivamente, Él vino a salvar y no a condenar, a dar vida y esperanza. No hay nada que no pueda ser perdonado y el perdón libera de esa horrible espiral que es el odio y la venganza y nos abre un horizonte de ir construyendo un ser libre con capacidad de elegir libremente.

Tiene lugar estos días una peregrinación a Covadonga, y los presos pueden ganar el Jubileo en este Año Santo. ¿Qué internos acuden a esta peregrinación, y cómo lo viven?

La peregrinación a Covadonga es una actividad que lleva organizando desde hace muchos años la Cofradía de Jesús Cautivo de Oviedo. Estamos estrechando nuestra colaboración para más proyectos. Los cofrades son personas con enorme sensibilidad religiosa y humana y que quieren colaborar. Este año, lo hemos organizado conjuntamente y nos acompaña el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, y el Abad de Covadonga, Adolfo Mariño, junto con los internos del CISE y un grupo de voluntarios de Pastoral Penitenciaria. Ellos van en nombre de todos los internos de la prisión a ganar el Jubileo y es un motivo de alegría y de reencuentro con la Madre de todos los asturianos, la Virgen de Covadonga, en esta efeméride de la celebración de los cien años de su coronación.

Desde el ámbito de la Pastoral Penitenciaria, ¿cuáles son las principales necesidades y carencias que se observan entre los internos y cómo se intenta ayudar o paliar?

Creo que lo que más nos demandan es ser escuchados. La labor de acompañamiento, escucha y ánimo es esencial en nuestro trabajo. También el intentar atender en la medida de nuestras posibilidades a las necesidades más de tipo material o de acompañamiento o visitas a sus familias. El apoyo a las familias es esencial y una de las directrices de la Pastoral Penitenciaria para estos años. Una demanda que consideramos esencial es acompañar también a los nuevos perfiles de jóvenes que están ingresando en la prisión. Chicos que intentan reconducir su vida, que necesitan orientación, normas y disciplinas. En este sentido creo que el trabajo que se hace por parte de los profesionales de los distintos módulos es enorme. Sería bueno pensar en un módulo solo para ellos, para personas que quieren estudiar, con una inversión y atención especial, creo que sería una buena manera de reeducar y ayudar a encontrar el camino a muchas personas.

(Iglesia en Asturias)

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