Camina, Pueblo de Dios

Mons. Abilio Martínez           Queridos cristianos de Osma-Soria:   Comenzamos un nuevo curso pastoral con renovadas fuerzas e ilusión. El mandato misionero del Señor resuena en nuestro corazón continuamente: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). He pasado unos días en Roma haciendo un curso para Obispos de reciente nombramiento; hemos asistido más de cien Obispos venidos de todos los lugares del mundo con el fin de rezar, convivir y tratar de los temas más urgentes para una nueva evangelización. La experiencia ha sido muy profunda al experimentar que la evangelización del mundo sólo será posible si nos dejamos amar por Dios. La fuente de la cual debe partir y el fin al cual debe tender toda acción evangelizadora de la Iglesia es la experiencia del amor de Dios: no es la mera transmisión de una doctrina o de una moral lo que calará en las personas. Sólo si nos sentimos queridos por Dios seremos capaces de poder amar a Dios y a los hermanos con un corazón nuevo.

 

Esta tarea de anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, no es exclusiva del Obispo sino de todos los cristianos. Cada vez aparece más claro que el futuro de la Iglesia (de su misión) depende de la capacidad que tengamos de realizar una sana y activa colaboración entre los laicos, religiosos y el clero. La prioridad absoluta de la Iglesia, de toda la Iglesia, aquello para lo cual ha recibido el Espíritu Santo, es anunciar a Jesucristo. La Iglesia es una comunidad que vive la comunión y tiene la misión de comunicarla a los otros. ¡Qué bellamente lo expresaba San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Christifideles laici!: “La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión: la comunión es misionera y la misión es para la comunión. Siempre es el único e idéntico Espíritu el que convoca y une la Iglesia, el que la envía a predicar el Evangelio «hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8)” (n. 32)

La Programación pastoral para este curso 2017-2018 es modesta debido a las circunstancias que ha vivido nuestra Diócesis con el cambio de Pastor y que nos ha condicionado en el tiempo para su elaboración. Sin embargo, el Espíritu Santo está en su Iglesia y, confiando plenamente en Él, cada cristiano soriano será un auténtico discípulo misionero y nuestras comunidades verdaderas plataformas de evangelización. El objetivo general es “vivir comunitariamente la fe como Pueblo de Dios”. Y para conseguirlo cuidaremos especialmente:

  • El primer anuncio, o kerigma, que debe estar presente en toda nuestra actividad evangelizadora;
  • Nuestro compromiso socio-caritativo sabiendo que los pobres son los destinatarios preferenciales del Evangelio.
  • El anuncio del Evangelio a los jóvenes, siendo conscientes de que la pastoral juvenil exige muchas horas de entrega, dedicación y cercanía.

Por último, este curso lo destinaremos a la elaboración del próximo Plan diocesano de pastoral, que deberá guiar nuestros pasos como Diócesis durante los siguientes años. Marcar los objetivos y acciones que hagan de nuestra Diócesis una comunidad misionera como nos pide el Papa Francisco [“Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades” (EG 33)] será una de las tareas más importantes del nuevo Consejo diocesano de pastoral.

Todo esto será papel mojado si no hacemos realidad en cada uno de nosotros y en nuestra Iglesia diocesana la presencia del Espíritu Santo. Un renovado Pentecostés que, desde la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la vivencia de la Eucaristía, nos haga salir a las calles y a las plazas, con humildad pero sin miedo, a proclamar que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu santo que se nos ha dado” (Rom 5, 5).

Pido con insistencia al Señor comencemos esta nueva etapa con entusiasmo e ilusión; que Él nos conceda la gracia, animados por el Espíritu, de que el don de la fe que hemos recibido lo sepamos comunicar con nuestra palabra y nuestros signos. Que María, Estrella de la nueva evangelización, nos ilumine.

+ Abilio Martínez Varea

Obispo de Osma-Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.