Construir sobre roca

Mons. Francisco Pérez            Muchas veces me he preguntado cuál es la razón por la que hay tantas desilusiones, personas cansadas y agobiadas, ansiosas y con falta de esperanza. Y leyendo a algunos autores y de modo especial a filósofos y sicólogos he constatado en ellos la misma respuesta: “Si hay algo que no queremos, son ataduras, ni en el amor ni en nuestra forma de vida” (Zygmunt Bauman). El Dr. Bauman hace toda una descripción y análisis sobre los fenómenos sociales de la era moderna y la denomina como una época donde el amor, la vida y los eventos históricos actuales están sustentados en una realidad líquida y sociedad líquida. La sociedad actual se basa en el individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera. Falta solidez. Se buscan nuevas experiencias, pero sin echar raíces en ningún lugar. Son ciudadanos del mundo pero de ningún lugar al mismo tiempo.

En esta realidad líquida, lo importante no es conservar los objetos, sino renovarlos constantemente para contentar el espíritu consumista. La consecuencia principal del mundo opuesto a lo sólido crea ansiedad en las personas. La realidad líquida angustia a las personas porque no carecen de nada fijo y duradero. Además, la necesidad de relacionarse choca frontalmente con la falta de compromiso y el miedo a perder la libertad. En la sociedad actual, no podemos aferrarnos a nada, porque todo es cambiante y efímero. Todo es líquido y la posibilidad de perderlo todo es más que probable. Los productos duraderos ya no son importantes, en esta era priva lo efímero y lo nuevo para sorprender a los compradores. Las personas no quieren ataduras ni en el amor ni en el trabajo. Se construye la vida sobre arena movediza y no sobre roca fuerte.

Edificar sobre roca o edificar sobre arena, esta es la cuestión. Si no descubres tu verdadero ser, el ‘ego’ seguirá siendo el valor supremo. Es impresionante oír de Jesucristo: “Por lo tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca; y cayó la lluvia y llegaron las riadas y soplaron los vientos: irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca. Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena; y cayó la lluvia y llegaron las riadas y soplaron los vientos: se precipitaron contra aquella casa y se derrumbó y fue tremenda si ruina” (Mt 7, 24-29).

Cuando uno reflexiona sobre el pasaje del evangelio expuesto puede reaccionar en dos direcciones: achacar a Jesús que es impositivo o que es negativo ante el que no sigue sus consejos. Es la misma reacción que sucede en nuestra época. Cuando se analiza la situación sociológica de hoy se buscan maneras para justificar el relativismo que, usando su única arma de defensa, afirma que en el pensamiento y en la acción del ser humano “todo vale” con tal que uno lo sienta así. Es decir se pierde y se difumina la verdad. Ya la verdad no es única sino múltiple según el color que cada uno quiera ponerla.

Aún recuerdo la conversación que tuve, en una comida, al lado del Papa San Juan Pablo II. En medio de ella, le pregunté descaradamente: “¿Qué es lo que más le preocupa en estos momentos?” A lo que él me respondió: “El relativismo que hay en la sociedad” Y añadió: “Estoy preparando una Carta Encíclica sobre este tema”. A la que tituló Fides et Ratio (Fe y Razón).Y me predijo: “Le tocará sufrir mucho sobre este tema”. Si la verdad no es lo primordial en el pensamiento y en la actitud del ser humano donde “todo vale” y la verdad está en la medida de sus sentimientos o apetencias, se pierde propio sentido humano. Aquella conversación no desaparece de mi memoria y de mi plegaria. Y lo peor del relativismo es que se ha convertido como si fuera una nueva religión. Ahí tenemos las ideologías que se promueven como bandera de libertad y progresismo y el tiempo será testigo de los frutos amargos que producirán. O estamos con la ley del amor de Dios o el nihilismo (la nada) será tan voraz que se aprovechará para devorar lo más sagrado que hay en la entraña del ser humano.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).