Virgen de la Merced: liberar cautivos

Mons. Francesc Pardo i Artigas, Obispo de Girona     Esta reflexión es fruto de conversaciones con sacerdotes y voluntarios  en las prisiones.

Los términos “hospital”, “escuela”, “cementerio” no nos producen escalofríos. Pero el término “prisión” no suena distante, desconocido. Es posible que ni siquiera nos hayamos acercado a ningún centro penitenciario y no quisiéramos tener que visitar a nadie. Y si tuviésemos que hacerlo quizás no lo diríamos. Y es que el mundo de las prisiones, y todo lo que las rodea, nos es desconocido. Pero en su interior hay personas privadas de libertad como consecuencia de unos hechos y debido a la sentencia de un juez. No disfrutar de libertad, si nos detenemos a pensarlo, es una situación muy triste, angustiosa… y puede ser deshumanizadora.

Porque ser persona es sinónimo de libertad.

Desde los origines de las prisiones, tal como las entendemos actualmente, la Iglesia católica y las iglesias cristianas, han sido cercanas a ese mundo. Los sacerdotes con vocación específica o aquellos que han recibido el encargo de trabajar en dicho ámbito pastoral han estado junto a los presos ofreciéndoles una vertiente más humana y espiritual que, con frecuencia, no se encuentra en los centros penitenciarios. El diálogo personal e íntimo es algo que el preso agradece. Que se le comprenda, se le estime y se le valore. Que no se le  tenga en cuenta la culpa ni con la mirada ni con el lenguaje utilizado. Aún más: que se le perdone. Celebrar el Sacramento de la Confesión en el interior de una prisión es lo que un sacerdote más puede agradecer al Señor. Y también celebrar la eucaristía.

Después tenemos a los voluntarios. Cristianos que acuden a la periferia de la evangelización. Cristianoscon coraje y sin miedo. Valientes. Formados específicamente. Pero que desde el primer día muestran una sensibilidad especial hacia ese mundo tan alejado de todo.

Cristianos comprometidos: el preso espera semana tras semana, o día tras día, la visita del voluntario o del sacerdote. Son personas de su confianza. Que no traicionan ni mienten. Que no engañan; veraces. Personas honestas que no caerán en los engaños del preso. Porque los internos siempre están preparados para la ocasión. A veces hay que saber decir “no” al preso: “en esto que me pides no te puedo ayudar”.

La Iglesia está siempre junto a los niños, adolescentes y jóvenes en situación de riesgo social, y también al lado de los presos. Los acompaña en su ingreso en prisión, y los acoge cuando nadie les espera. En nuestras ciudades hay algunas viviendas donde los presos a los que nadie espera, hallan “una familia” que si lo hace.

En el obispado de Girona tenemos el Centro Penitenciario Puig de les Basses, en el término de Figueres. Un equipo de sacerdotes y de laicos y laicas lo visitan con frecuencia. Forman parte de la pastoral penitenciaria de nuestra diócesis.

Este año, la Patrona de los encarcelados, la Virgen de la Merced, coincide en domingo, que es el Día del Señor. Por ello, este 24 de septiembre tiene la especial significación de ayudarnos a que todas las eucaristías que se ofician en las prisiones y en todas las comunidades cristianas, traspasen a través de la infinita riqueza que ofrece la plegaria personal, universal y eucarística, los barrotes y las distancias.

Demos gracias a Dios y seamos siempre más conscientes de esta realidad.

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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