Acercarse a Dios en medio del sufrimiento en las cárceles

Con motivo de la fiesta de La Merced (24 de septiembre), patrona de los reclusos, hablamos con Marifrán Sánchez, que dirigió durante siete años la casa de acogida para presos Isla Merced, en Casarrubuelos.

En la actualidad Marifrán es la responsable del Departamento de Trata de Personas (Mujeres en la calle – Infancia y Juventud en riesgo) en la Conferencia Episcopal Española. Pero con anterioridad, y como voluntaria, ¿Qué te impulsó a colaborar con Pastoral Penitenciaria?

En un primer momento fue simplemente la respuesta a una invitación por parte del delegado diocesano y capellán del Cetro Penitenciario Madrid III de Valdemoro, Pablo Morata, para acompañar con cantos la celebración de la Navidad en la prisión. Para mí fue una experiencia tan profunda que desde entonces, hará ya unos 15 años, he asistido cada Nochebuena para celebrar con ellos la Misa del Gallo.

¿Qué te ha aportado a ti la dirección de un centro de reinserción como Isla Merced?

A nivel personal, un cúmulo de vivencias y experiencias únicas que han contribuido a un crecimiento personal y una profunda madurez en mi fe. Ha supuesto un acercamiento al sufrimiento y a situaciones donde se manifiesta la debilidad humana y, al mismo tiempo, la fuerza para superarse, para seguir adelante con esperanza y confianza en las capacidades personales y en la grandeza que vive en nuestro interior.

¿Es posible encontrarse con Dios en medio de tanto sufrimiento?

Por supuesto. Ya nos lo manifestó Jesús con su testimonio y su palabra, que hoy sigue viva cuando nos acercamos, acompañamos y nos implicamos con las personas que sufren. No basta con saberlo. Es necesario interiorizarlo y vivirlo desde la experiencia personal, prepararse interiormente, aprender a escuchar al otro, ser humilde y sentirse digno de participar en esta misión.

¿Con qué idea llegaste y con cuál te fuiste?

Cuando a principios de 2009 comenzamos con los últimos detalles de la casa, me sentía preparando un hogar lo más acogedor posible para aquéllos que no tenían o tenían lejos a su familia. La acogida y la familiaridad del centro era una prioridad. El legado más bonito de esta experiencia han sido los testimonios y las vidas de muchas personas que pasaron por la casa y que para mí han sido verdaderos maestros y a quienes recuerdo con gran cariño.

¿Cuántos años estuviste como directora?

Aunque comencé a colaborar como voluntaria con la Asociación Entre Pinto y Valdemoro en 2008, mi trabajo como directora comienza en 2009, un poco antes de la inauguración del centro en marzo de ese mismo año por el obispo de Getafe Mons. Joaquín Mª López de Andújar. Dejé definitivamente mi puesto en septiembre de 2015, aunque sigo como voluntaria en prisión y en la casa de acogida.

¿Cuál era tu labor allí?

Era una labor bastante completa Desde la dirección coordinaba todas las actividades que se hacían en la casa, realizaba todas las tareas burocráticas y administrativas que implicaban la organización del propio centro y de la misma asociación, la contabilidad, la realización de proyectos, la solicitud de subvenciones y la justificación, así como el seguimiento de los procesos de los acogidos, tanto individual como grupalmente, la coordinación con los centros penitenciarios, servicios sociales, juzgados de vigilancia, etc.

¿Cómo es tu vida de fe?

Mi vida, en general, ha ido cobrando un sentido muy especial según he ido respondiendo a esas posibilidades que se me ofrecían para hacer algo por los demás, desde la sencillez, especialmente con aquéllos que viven al margen de nuestra sociedad, los más débiles y vulnerables, adquiriendo un compromiso concreto que implique el anuncio de una buena noticia y la denuncia de todo lo que provoca que las personas sean vulneradas en su dignidad.

(Padre de Todos – Diócesis de Getafe)

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