“Somos Hermanas Hospitalarias. Nuestro mejor premio es saber que hacemos algo bueno por los demás”

El pasado 21 de agosto se cumplió el primer aniversario del nombramiento de la geriatra sor Elisa Sánchez (Málaga, 1972) como superiora del hospital Benito Menni de Valladolid. Sor Elisa, que ejercía de coordinadora del Área de Personas Mayores del complejo asistencial de las Hermanas Hospitalarias de Ciempozuelos (Madrid), sustituyó en el cargo a María Cruz Arrondo.

Estaba estudiando Medicina, cuando el Señor me pidió algo más…”, recuerda la religiosa. Y comenzó entonces el postulado en la congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, fundada en Madrid, en 1881, por San Benito Menni, sacerdote de San Juan de Dios elegido por Él, junto a María Josefa Recio y María Angustias Giménez, para dar respuesta a la situación de abandono sanitario y exclusión social de los enfermos mentales de la época desde la caridad y la eficiencia.

¿Qué siente una malagueña de poco más de cuarenta años cuando la nombran superiora de un hospital como el Benito Menni de Valladolid?

Fue una sorpresa y una responsabilidad, pero los cambios estaban anunciados y previstos. Se gestaba una reestructuración en la congregación de las Hermanas Hospitalarias y los movimientos eran previsibles.

¿En qué se ha traducido la unidad de la congregación en una sola provincia?

Hacia fuera no ha tenido mucha relevancia. Se parte de la realidad de que los centros se van haciendo más complejos y de que nosotras cada vez somos menos. Por eso se ha hecho un único gobierno de hermanas que acompañan ese proceso.

¿El Benito Menni de Valladolid es un centro de referencia dentro de la congregación?

Yo venía de Ciempozuelos, con más de 600 camas, y pensé que sería un centro mediano y sencillo, pero su realidad es bastante compleja. Tiene mucha vida y mucha variedad de realidades y de atenciones: Paliativos, salud mental, daño cerebral, convalecencia y rehabilitación, etc. Percibes la gratitud cuando acompañas al final de la vida, sigues los procesos de recuperación física, aprendes a convivir con la realidad de los muy dependientes, vives con gratitud las pequeñas y grandes mejoras en daño cerebral…

El Benito Menni puede presumir de tener un impresionante abanico de premios. ¿De qué galardón se sienten más orgullosos?

De lo que somos. Somos Hermanas Hospitalarias, sabemos ejercer la hospitalidad y sabemos acompañar y estar con la persona hasta el final de su vida. Lo más valioso es saber que estamos haciendo algo bien y bueno por los demás, y sobre todo por gente muy necesitada.

¿Qué retos afronta como superiora?

Yo soy médico, pero también superiora de una comunidad de 22 hermanas, y mi reto es alentar ese buen hacer y mantener viva esa hospitalidad. Nos enfrentamos a un envejecimiento de la vida consagrada, pero en este centro el trabajo lo hacen también un montón de colaboradores con nuestro mismo espíritu. Mi objetivo es estar con ellos y velar por ese carisma.

¿La integración social pasa por la inserción laboral?

Siempre que se pueda, y en ello trabajamos. Hay integración a nivel de jardinería, confección, limpieza…

¿Qué responde a quienes afirman que los centros sociosanitarios limitan la autonomía del paciente?

Aunque hay muchos pacientes con alto grado de dependencia, y eso les limita, nuestro objetivo tratar de mantener el mayor grado de autonomía y que la vida dentro se parezca lo más posible a la que tendrían fuera. Las circunstancias te llevan a vivir en un centro residencial, pero eso no debe impedir que la persona siga siendo la misma. Es muy importante tener en cuenta lo que ellos piensan y lo que ellos quieren.

Premios Benito Menni a personas conocidas y comprometidas, cenas solidarias, concurso de relatos… ¿Qué se pretende con tanta repercusión social y mediática?

Pretendemos hacer visible nuestra realidad en la sociedad y, en la medida de lo posible, hacerlo de manera solidaria. Muchos de los ladrillos de nuestro centro de la India para ayudar a mujeres con problemas de salud mental proceden de las cenas benéficas de Valladolid. Lo mismo con todo lo demás… Tratamos de normalizar la presencia de personas con discapacidad y al tiempo recaudar dinero para fines benéficos.

Salud integral

Fundado en el año 1972, el complejo hospitalario Benito Menni ofrece a personas con enfermedad mental, patología psicogeriátrica, problemas psíquicos y físicos o que precisen de cuidados paliativos, una asistencia de calidad que promueve la salud integral, donde se conjugan los aspectos biológicos, psíquicos y sociales con los espirituales, éticos y relacionales. Desde su entrada en funcionamiento, el centro ha atendido a más de 6.000 personas, y ya hace años que se ha convertido en un referente regional en la rehabilitación integral física y psíquica de media y larga estancia. En la actualidad es también un buque insignia a nivel nacional en la atención a niños con importantes necesidades de apoyo.

La asistencia se completa con programas docentes e investigadores, así como con diversas actuaciones encaminadas a hacer visible la discapacidad en la sociedad, como el concurso nacional de relato corto o los premios extraordinarios Benito Menni (como los concedidos a la periodista Isabel Gemio o al exseleccionador nacional de fútbol, Vicente del Bosque), o los actos solidarios para recaudar fondos y financiar proyectos de la congregación en otros países.

Hace unos años el complejo se sometió a un proceso de reconstrucción integral para adaptar el edificio a la actual normativa sanitaria europea y ampliar sus servicios. Ahora cuenta con 244 camas (cien más que antes de la remodelación) y ofrece atención a los pacientes o usuarios en régimen de hospitalización o de residencia y como centro de día, además de disponer de consultas ambulatorias y de prestar la asistencia domiciliaria.

Reconocimientos

El complejo ha recibido varios reconocimientos a nivel nacional y regional (Premio IMSERSO 1999, Premio IMSERSO 2000 en la celebración de su 25º aniversario y Premio de la Clínica San Francisco 2003 al Mejor Centro Sociosanitario de Castilla y León, etc), que han servido como estímulo para seguir trabajando por lograr una asistencia de calidad. Para ello cuenta también con un importante equipo humano multidisciplinar compuesto por cerca de 200 profesionales, el 90% mujeres, que cubren los servicios de salud mental, psicogeriatría, cuidados paliativos, convalecencia, atención a la dependencia, mayores válidos, daño cerebral adquirido, además de la primer sala de integración sensorial de la región.

El centro vallisoletano es un ejemplo de que, pese al notable crecimiento de la asistencia sanitaria pública, tanto en estructura y personal como en recursos materiales, la misión y el espíritu fundacional de las Hermanas Hospitalarias está vigente. El ser humano sufre a causa de la enfermedad y la sociedad tiene limitaciones para prestarle la atención humana y asistencial que necesita, un problema mucho más acuciante para las personas más marginadas.

(Iglesia en Valladolid)

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