Comunicado del Obispo de Albacete ante el incendio de la comarca de Yeste

La geografía de la provincia de Albacete es hermosa y variada. Hay espacios a los que el verano, casi siempre largo y seco, convierte en áridos y pardos. Pero hay rincones  y comarcas donde la vegetación conserva el verdor lujurioso de una primavera perenne. Así sucede en la extensa serranía del Segura.

Está finalizando un mes de julio tórrido como pocos. Tórrido y ardiente, porque ahora mimo  está en llamas la hermosa comarca Yeste, uno de los más bellos  y  fecundos laboratorios de oxígeno en la Mancha: salud para el cuerpo y solaz para el alma.  Y escucho con honda tristeza que  desalojaron un campamento de Scouts,  y que se sigue desalojando a los vecinos de  las aldeas que corren algún riesgo.

En no pocos incendios  existe la sospecha de intencionalidad y de  premeditación. Si esto es así,  habría que preguntarse qué  está pasando en la conciencia de estas personas, qué secreta maldad se ha instalado en sus corazones, qué extrañas frustraciones o desvíos  son capaces de originar una maldad  tan gratuita y  tanto sin sentido.

Cuando asistimos a estos desastres,  no nos hace ni chispa de gracia el viejo chiste, que circuló por los años ochenta:  – » Cuando un  bosque se quema, algo suyo se quema, señor conde»-  Y no nos hace gracia porque la naturaleza es la casa  grande que Dios ha preparado para todos sus hijos. Amén de las pérdidas materiales que los incendios suponen  para los municipios  y los particulares, a todos se nos quema algo. Y gracias a Dios si no hay  pérdida de  personas,  como en este caso. .

Contemplando en alguna ocasión lo que hasta ayer había sido un vergel y hoy era un triste e inmenso cenicero,    me venían a la memoria los versos de aquel poeta malogrado, que supo de  sequías  y sudores: » Se calcinan las  frondas y  los pájaros. /  No se ve una sonrisa de frescura, …./ una lombriz, un junco ni una caña../ Dan ganas de llorar ver este mundo/  sin un valle, ni un monte ni una orilla / donde el rebaño pueda abrir la boca/( M .Hernández)

Todo incendio  injustificado es un  desastre ecológico que afecta a la casa  común, pues no en vano «ecología» procede de  la palabra griega que significa casa. Uno imagina la desolación  de los ancianos,  que vieron crecer  con ellos pinos, brezos y robledales.  Imagino  la amarga frustración  de los  hijos del pueblo que emigraron,  y que, en estos mimos días,  vuelven a la aldea  soñando  con el clima y  el paisaje. Seguro que este año  las fiestas patronales de agosto van a estar teñidas de tristeza.

Me cuenta  algunos de los sacerdotes  que  se están dando  gestos admirables de solidaridad  y de acogida; que está siendo  incansable la dedicación  y el empeño de pilotos,  bomberos y particulares; que las autoridades correspondientes  no han escatimado  cercanía y promesas, que los pueblos esperan que se hagan realidad. Siempre entre las cenizas pueden brotar flores; siempre  la gracia  resplandece en medio de la desgracia.

Me alegra que, desde el primer momento,  nuestras parroquias, sus salones parroquiales y sus servicios de Caritas  hayan estado disponibles para la cogida y la ayuda incondicional.

La Iglesia de Albacete se une al dolor de los pueblos y aldeas afectados, expresa su cercanía a todos y  ora para que, incluso en el infortunio, siga viva la esperanza  que siempre ha acompañado a la  sufrida gente de la sierra. Esperamos  que, con el empeño de todos  y con la ayuda de los organismos pertinentes, las tierras calcinadas recobren  la fecundidad, la frescura y la belleza  que ha sido orgullo de sus habitantes y admiración de sus visitantes.

+Ciriaco Benavente

Obispo de Albacete

(Diócesis de Albacete)

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