Cerramos el curso

Mons. Salvador Giménez             De algún modo hemos convenido en organizar el tiempo por cursos escolares. Parece moverse todo entre el mes de septiembre y las últimas semanas de junio. Las vacaciones estivales, i el mes de agosto por antonomasia, es el tiempo del descanso, de la playa, de la montaña… Aunque somos conscientes de que esto no es así para muchas personas, no podemos eludir esta tendencia que se respira por todas partes: cerrado por vacaciones, tranquilidad en las calles, poca afluencia en los ámbitos culturales. De igual modo lo notamos en cuanto a la asistencia dominical a las celebraciones litúrgicas.

Es natural, también, ver aglomeración de gente en determinados lugares de vacaciones donde predomina la aparente despreocupación, el olvido del trabajo ordinario, el excesivo interés por el descanso, que calificamos de merecido, la fuerte tendencia al cultivo del cuerpo…

No me atrevo a generalizar las situaciones, pues guardan demasiados matices y admiten muchas variaciones, pero sí a brindar a los cristianos una sencilla reflexión, en forma de afirmaciones, sobre esta cuestión que a todos nos afecta.

Una primera podría ser ésta: cerramos el curso, pero nunca cerraremos nuestro corazón a las necesidades de los demás. No importa el periodo del tiempo en el que estemos, importa la persona que vemos, con la que hablamos, a la que escuchamos. Si no existe para nadie el descanso en el comer, en el beber o en el vestirse, lo que es una obviedad, conviene tenerlo en cuenta para los que asistimos en las celebraciones de nuestras comunidades.

Una segunda afirmación: no es posible cerrar nuestra conciencia al cumplimiento de nuestros deberes cristianos. Las vacaciones no pueden impedir nuestra relación con Dios. Lo que hacemos durante el curso debe ser buscado, también, durante el descanso estival. La oración, la celebración de los sacramentos, la caridad no tienen un paréntesis en este tiempo.

Una tercera afirmación: la escucha a los demás es un elemento esencial en las relaciones interpersonales. En este tiempo estival se observa una mayor tranquilidad, es menor el trasiego y   menores las obligaciones laborales. Aprovechad el silencio para la reflexión, para contemplar paisajes y para estar atentos al desarrollo de los hijos, nietos y demás familiares. Es un tiempo favorable para estar juntos. Que no sea sólo una superposición de personalidades sino un sano encuentro. Escuchar al otro, conocer sus ilusiones, sus proyectos o sus dificultades. Seguramente esa línea de actuación aumentará vuestros sentimientos positivos, enriquecerá vuestro interior y permitirá que construyáis una familia más en consonancia con el valor de las personas y no tanto con el de los bienes materiales o placeres corporales.

Y todavía una cuarta afirmación: es recomendable activar la virtud de la paciencia en este tiempo. Aunque nos apetece siempre recibir y dar sorpresas en la convivencia familiar, la rutina y la repetición de las actividades se presentan con rapidez cuando llega la vida ordinaria. Todo ello puede conducirnos a la discusión, al enfrentamiento o a la separación emocional. La Palabra nos recuerda la enorme paciencia de Dios con su pueblo, y también con cada uno de nosotros, ante la falta de confianza y de atención. Es una gran enseñanza para estos días: ejercitad la paciencia en el trato con vuestros hijos, con vuestros nietos, con vuestros padres ancianos, con vuestros cónyuges… No rompáis nunca una conversación o una actividad por el cansancio, por la molestia que os causa o por falta de tacto momentáneo. Llenad vuestra vida de paciencia ordenada.

 + Salvador Giménez,

Obispo de Lleida.

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.