El descanso

Mons. Agustí Cortés        No deberíamos dejar pasar la ocasión de pensar en lo que significa para uno mismo el tiempo de vacaciones. Esta cuestión es tan importante que, quien sepa responderla, sabrá qué es vivir, según él, y eso ya es mucho.

Solemos identificar las vacaciones con “el tiempo de descanso”. Las vacaciones, según esta manera de hablar, se entienden como la ocasión de compensar el cansancio (físico y psicológico) que produce el trabajo cotidiano. (Muchos que sufren el paro, ya desearían necesitar esta compensación.) Entonces, la vida puede convertirse en una sucesión aburrida de ciclos de “trabajo (esfuerzo, tensión, cansancio) – descanso (comodidad, relajación, recuperación)”. Aquí vendría esa pregunta tan frecuente: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?

Hemos leído el interesante artículo del profesor Joan Carles Mèlich titulado “Filosofía del verano”. Hay que agradecer a la filosofía la ayuda que nos presta para vivir un poco más conscientemente lo cotidiano. En principio, como él dice, las vacaciones se entienden como el tiempo del deseo, tiempo abierto, no condicionado, frente al tiempo de la obligación. Sin embargo, reconocemos con él que muchas veces lo que llamamos el deseo está inconscientemente tan estructurado y condicionado, como el trabajo cotidiano. Lo ve en tres hechos concretos, propios de las vacaciones: el viaje, la lectura y el aburrimiento. El viaje en vacaciones parece ya una cosa impuesta. Lo malo es que muchas veces viajamos “llevando la casa a cuestas”, en realidad no salimos de casa y nada nos puede sorprender, seguimos en el mundo de siempre. Igualmente podemos leer sin aventura, sin novedad que cambie en algo la propia vida. El aburrimiento puede ser un tiempo deseado, pero insoportable si no hay iniciativa, creación, disposición a lo inesperado…

Ante estas reflexiones, que en gran medida son ciertas, uno no puede sino recordar la importancia que tiene para nuestra fe “el descanso” y la paz, como expresión de la plena felicidad, la plenitud humana. Dios descansó el séptimo día de la creación, estableciendo el día de descanso en la tradición judía; entrar en el descanso de Dios es la aspiración de toda la humanidad, impedida a los que tienen endurecido el corazón (cf. Sal 94,11). Y Jesús se dirigía a los judíos aplastados por el yugo de la Ley: “venid a mí los que estáis cansados y agobiados y hallaréis vuestro descanso” (Mt 11,29)…

¿Nos parece que estamos en otra dimensión; que nada tiene que ver esto con las vacaciones? Creemos que no. Las vacaciones son más que una necesidad psicológica; son más que la compensación evasiva del estrés.

Las vacaciones son un signo de que deseamos profundamente el paraíso. Y el paraíso que nos ha abierto Jesucristo nos es revelado como plenitud de amor.

Aquel profesor nos presentaba una manera de vivir el verano que nos permitiera “crecer” mediante el cambio real, la creatividad, la aventura, etc. Ojalá todos le hiciéramos caso. Pero crecer ¿qué significa; hacia dónde; en qué; cómo?

San Agustín, que sentía un fuerte atractivo hacia el denominado “santo ocio” (la compañía de los amigos, la lectura, el estudio, el trabajo en el campo y la oración) escribió, comentando la Primera Carta de San Juan:

“La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él descansamos” (10,4)

Quisiéramos que las vacaciones nos sirvieran para correr más y mejor hacia ese descanso.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.