Año Santo Jubilar de San Fermín

Mons. Francisco Pérez         1.- Es interesante constatar que, a pesar de todos los momentos históricos por los ha pasado la fiesta de San Fermín, siempre ha permanecido la devoción popular. Y es propio que se reconozca que su fiesta ha adquirido un regalo especial para los fieles. Todos asentimos que San Fermín nos enseña a vivir la fe, la esperanza y la caridad. Su santidad es una luz que nos ilumina en el camino de nuestra vida para que seamos responsables y testigos del amor que inundó su vida: el amor a Dios. Bien podemos decir que San Fermín vivió esta frase de la Sagrada Escritura: “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo que trasciende todo conocimiento” (Ef 3,17-19).

No hay peor crisis existencial que un corazón duro y seco. Cuando se vive para Dios y para los demás nos ocurre lo mismo que a los discípulos que todo cambiaba cuando se encontraban con Jesucristo. “Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos abría las Escrituras?” (Jn 24,32). La energía que se desprende de un corazón ardiente, es el amor apasionado, y es la mayor fuente de conversión que es capaz de influenciar y expandir por todas partes los nuevos ideales y provocar cambio de conducta y eso es posible porque es posible como resultado del fuego que emana del corazón. De ahí que ninguna dificultad o contradicción podrá vencernos como ocurrió en San Fermín. No temió a Sebastián, el gobernador de la provincia de Amiens, quien azuzado por la persecución religiosa contra los cristianos decretada por el emperador Diocleciano, mandó apresarlo y degollarlo por la noche para que escondieran su cuerpo y así los cristianos no le tributaran honores.

2.- A través de la historia y en este tiempo podemos comprobar lo mismo -en tantos hermanos cristianos nuestros- que mueren simplemente, como San Fermín, por anunciar el mensaje de Jesucristo. Basta leer las crónicas que nos viene de Irak, Siria y otros países de Medio Oriente. Por eso resuenan las palabras del Maestro: “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya; pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia…Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15, 18-20). En ciertos sectores de nuestra sociedad podemos comprobar que hay una cierta animadversión a lo que tenga tinte de carácter cristiano, en el fondo es porque los comportamientos se autoproclaman autónomos y excluyentes; lo que no provenga de ese modo de pensar y actuar se margina. ¿Resultamos molestos a los que piensan que la religión y por lo tanto Dios ha pasado de moda? ¿Se exalta la libertad a cualquier precio y no se aprecia la armonía y el orden moral? ¿No estamos devaluando y depreciando lo más sagrado que hay en el ser humano que es la vida? ¿Estamos convencidos que el “bienestar social” sólo se puede medir por lo material, por lo hedónico y por el placer llevado al extremo? ¿No se está perdiendo la fuerza del amor qué es lo único que transforma al ser humano en ser más humano? Con otros matices se vive en un cierto paganismo que, en líneas fundamentales, es muy similar como en tiempos de San Fermín. Su fe era tan convencida y convincente que no tuvo miedo en entregar su vida. ¡Cuánto hemos de aprender de los santos!

3.- Tenemos la gracia de celebrar durante este año el Santo Jubileo de San Fermín con motivo de los 300 años en el que se consagró el altar y la Capilla del Santo que ahora contemplamos. Por ello se ha restaurado todo y adecentado para dar esplendor a nuestros deseos para vivir, este tiempo jubilar, como una gracia muy especial. El Papa Francisco nos ha aconsejado a los obispos españoles:”No descuiden la religiosidad popular y que haya siempre sacerdotes disponibles a escuchar al pueblo de Dios”. Todo ello debe ser reflejo de cómo nuestra vida interior y exterior se manifiesta en el esplendor que nos hace más conscientes de nuestra filiación divina, de nuestro ser cristianos-católicos y de nuestra caridad sincera a los que nos rodean. Durante este año (7 de Julio 2017 al 7 de Julio 2018) se desarrollarán momentos importantes para crecer en el amor a Dios y el amor a los demás. El Jubileo concede unas gracias especiales para el que se acerque a abrazar al Dios misericordioso en el Sacramento de la Confesión que nos ayudará para no tener adicción o afección al pecado, participar en la Eucaristía, acoger las necesidades de los pobres y rezar por las intenciones del Papa. Los templos donde se podrán adquirir estas gracias jubilares serán: La Capilla de San Fermín en la Parroquia de San Lorenzo de Pamplona, La Santa Iglesia Catedral de Pamplona, la Parroquia de San Fermín (Barrio de la Milagrosa) en Pamplona y la Parroquia de Lesaka donde se venera desde la Edad Media a San Fermín.

Ruego a la Virgen María que nos conduzca, como buena Madre y Maestra, por el camino de la perfección en el amor a Dios y a los hermanos. Que este año Santo Jubilar de San Fermín nos acerque, con más profundidad de amor, a su Hijo Jesucristo para que convierta nuestros corazones.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 366 Articles
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).