Si falta María, hay algo huérfano en el corazón

Mons. Eusebio Hernández           Queridos hermanos y amigos:     En el corazón del verano, celebramos dos fiestas marianas firmemente arraigadas en el pueblo cristiano: hoy, la fiesta de Ntra. Sra. la Virgen del Carmen y el próximo 15 de agosto la Asunción de Ntra. Sra. a los Cielos. Este año la fiesta del Carmen coincide con este domingo y quiero aprovechar esta particularidad para meditar con vosotros sobre Nuestra Madre la Virgen María.

En estos domingos anteriores hemos reflexionado sobre la misión que nos confía el Señor a todos nosotros, en la diócesis de Tarazona, de ser misioneros, Iglesia en “salida” que ofrece el gran tesoro del Evangelio de Jesucristo. La Virgen María debe ser para nosotros un modelo de lo que es la Iglesia misionera que sale al encuentro de la humanidad.

Tras la peregrinación del papa Francisco a Fátima para celebrar el centenario de las apariciones, os dirigí una carta sobre esta celebración; hoy, al conmemorar a la Virgen del Carmen, voy a hacer referencia a un encuentro que el Santo Padre tuvo, antes de su peregrinación, con la Comunidad del Pontificio Colegio Portugués de Roma, el pasado 8 de mayo. En esta audiencia el Papa presentó la figura de la Virgen María como un impulso para la nueva evangelización.

Del discurso de aquel día subrayo algunas ideas que, en este día de la Virgen del Carmen, pueden también servirnos a nosotros para intensificar nuestra vida cristiana y darnos un nuevo impulso para ser misioneros con el testimonio de nuestra vida.

El encuentro con la Virgen una experiencia de gracia que nos hace enamorarnos de Jesús.

En este día de su fiesta, en tantísimos lugares, el pueblo de Dios venerará y rodeará con su amor a la Virgen María. La Virgen del Carmen siempre lleva Jesús en sus brazos y nos lo ofrece para que en Él encontremos la gracia, la fuerza de la vida cristiana, y para que en Él encontremos una experiencia de amor.

María tierna y buena maestra que nos lleva al conocimiento íntimo del Amor Trinitario.

Podemos decir que la Virgen María ha dado la mejor lección que una “maestra” puede dar: la lección sencilla de su testimonio de fidelidad a Dios, “hágase en mí según tu Palabra” (Lucas 1, 38), y, a su vez, una lección breve pero clara, “haced lo que él os diga” (Juan 2, 5). Hoy, ante nuestra Madre del Carmen, queremos escuchar estas dos lecciones sencillas y nos disponemos a hacerlas realidad en nuestras vidas.

Saborear a Dios como la realidad más bella de la existencia humana.

María, en el silencio de su vida, ha encontrado a Dios, Él mismo ha habitado en Ella, ha sido la realidad más bella de toda su vida. Nosotros, pedimos hoy, por intercesión de María que también en nuestras vidas sepamos encontrar esta belleza de Dios, la armonía que Él quiere para el ser humano y la creación.

La relación con la Virgen María nos ayuda a tener una buena relación con la Iglesia: ambas son madres.

Y, termino esta reflexión con las mismas palabras que el Papa dirigía aquel día de la audiencia que estamos comentando: “Ya conocéis, en este sentido, el comentario de San Isaac, el abad de la Estrella: lo que se puede decir de María se puede decir de la Iglesia y también de nuestras almas. Las tres son femeninas, las tres son madres, las tres dan vida. Por lo tanto, es necesario cultivar la relación filial con la Virgen, porque si falta, hay algo huérfano en el corazón” .

Bajo su amparo ponemos hoy nuestras vidas y ponemos también todas nuestras iniciativas pastorales.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.