Santo temor de Dios

Mons. Atilano Rodríguez             En distintos momentos del año litúrgico, los obispos visitamos distintas parroquias de la diócesis para administrar el sacramento de la Confirmación a grupos de adolescentes, jóvenes o adultos, que han seguido la necesaria preparación espiritual para la recepción fructuosa del mismo.

Entre las oraciones que el presidente de la celebración eleva a Dios, reviste singular importancia aquella en la que pide la efusión de los dones del Espíritu Santo sobre los confirmandos. Esta oración es acompañada por la imposición de manos del celebrante principal y de los presbíteros concelebrantes sobre todos los que se confirman.

Concretamente, el Obispo, como ministro ordinario del sacramento de la Confirmación en la Iglesia latina, ora a Dios Padre pidiéndole que derrame el Espíritu Santo Defensor sobre quienes van a recibir el sacramento, para que “los llene de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad, y cólmalos del espíritu de tu santo temor”.

Hace algunos días, al concluir la celebración del sacramento de la Confirmación en una parroquia de la diócesis, se me acercó un joven y me dijo: “Usted ha predicado que Dios es amor y que nos ama con amor infinito, que cuida de nosotros y nos acompaña en todos los momentos de la vida, ¿cómo es posible que después haya pedido al Padre que infunda en nosotros el espíritu de su santo temor?

Este interrogante del joven confirmado tal vez nos lo hemos planteado todos los cristianos en distintos momentos de la vida. Alguno, inquieto por encontrar la respuesta adecuada, habrá indagado en la Sagrada Escritura o en el Catecismo de la Iglesia Católica. Otros, con menos preocupación religiosa, pueden convivir con la duda sin preocuparse por clarificarla. ¿Cómo resolver esta aparente contradicción?

Para encontrar la respuesta adecuada al interrogante, tenemos que distinguir entre temor a Dios y miedo a Dios. En este sentido, la Sagrada Escritura es muy clara y nos dice que quien “teme a Dios” no tiene miedo porque la caridad expulsa el miedo. El temor de Dios, definido en la Sagrada Escritura como “principio de la verdadera sabiduría” (Sal 110, 10), no es sinónimo de miedo sino de respeto y veneración. El que teme a Dios tiene la seguridad propia de un niño en brazos de su madre. Por eso, puede permanecer tranquilo y con paz a pesar de las dificultades. Sabe que Dios, como nos reveló el mismo Jesús, es infinitamente bueno y misericordioso.

Por el contrario, quien no teme a Dios es aquel que equivocadamente pretende ocupar su lugar, se considera señor del bien y del mal o piensa que tiene capacidad de tomar decisiones sobre la propia vida y sobre la vida de sus semejantes. El que no teme a Dios huye de Él o reacciona con violencia, porque presupone que puede hacerle daño. Incluso puede llegar a pensar que Dios no es bueno sino malo, al menos para él, que se considera bueno. Este miedo es totalmente opuesto al verdadero temor de Dios y de él sólo puede brotar la soledad, la angustia y la desesperación ante los problemas de la vida.

Para superar este miedo a Dios, necesitamos renovar la confianza en Él y profundizar en sus sentimientos de amor y misericordia hacia todos los seres humanos, teniendo en cuenta que el verdadero temor de Dios puede liberar nuestro corazón de todo miedo y nos sumerge en las profundidades de su amor: “Los que teméis al Señor confiad en Él… esperad bienes, gozo perpetuo y salvación” (Eclo 2, 8-9)

 

Con mi cordial saludo, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.