Carta Pastoral en la fiesta de la Virgen del Carmen 2017

Mons. Julián Barrio                 La fe, ancla de la esperanza

Queridos diocesanos:

Nuevamente me dirijo a vosotros en la fiesta tan entrañable de la Virgen del Carmen, patrona de las gentes del mar, para mostraros el afecto, la cercanía y la comunión de toda la comunidad diocesana.

Vuestras vidas y preocupaciones, lo sabéis bien, no son ajenas a la solicitud de la Iglesia que está a vuestro lado, con vosotros y con vuestras familias; que os acompaña en estos momentos de fiesta y alegría, os apoya en vuestras justas reivindicaciones, y sufre con vosotros cuando la vida os acerca más a Jesucristo en la Cruz. ¡Cómo no recordar, transformando nuestra tristeza en esperanza y nuestro dolor en oración, a las personas que perdieron la vida en la mar a lo largo de este año; particularmente a aquellos marineros del Nuevo Marcos, a quienes encomendamos a Dios y a cuyas familias y compañeros queremos renovar nuestra consideración y nuestra disponibilidad a acompañarles como comunidad cristiana!

El dinamismo de la fe cristiana

El lema que la Iglesia propone para este día es: “La fe es nuestra fuerza”. Ciertamente, la fe nos sostiene en los afanes de cada día, y da sentido a nuestro cansancio y al deseo compartido de un mundo mejor. No es un estorbo, ni mucho menos una ilusión vana que nos aparte de los verdaderos problemas de la vida. Al contrario, la fe es luz y fuerza, que nos orienta y nos impulsa, nos ayuda a afrontar las dificultades con espíritu esperanzado, y nos acerca a los demás, reconociéndoles como hermanos nuestros. Es la brújula que nos marca  el norte de nuestra existencia y el radar que ayuda a sortear los obstáculos y peligros, con el timón de la esperanza cristiana y de la caridad que hemos de llevar en el barco de nuestra existencia. Es necesario recuperar la centralidad de la dimensión religiosa en la vida, abrir espacio a las grandes preguntas que nos acompañan y mostrar la dimensión humanitaria que genera la fe cristiana. La vida se obscurece si no se abre a Dios.

La fe, alimentada con la oración y los sacramentos, vivida solidaria y fraternalmente en la comunidad cristiana, nos hace fuertes y, apoyados en ella en el ámbito de nuestro trabajo nos ayuda a cambiar este mundo, a hacerlo más humano, y a modelarlo según el plan de Dios. Os lo manifestaba bellamente, con motivo de la Visita Apostólica a España en 1982, en la plaza del Obradoiro, san Juan Pablo II cuando decía: “No se me oculta que, en medio de vuestras afanosas tareas, pueda a veces insinuarse el desaliento o adensarse la neblina que cubre la fe. Es entonces cuando habéis de saber recurrir a la oración y recordar que el Señor no os abandona, que habéis sido llamados por Jesús para estar con Él en su barca, donde El vela por vosotros; aunque a los ojos humanos pudiera dar la impresión de haberse rendido al sueño: “¡Hombres de poca fe! ¿Por qué teméis?” (Mt 8, 26). La fe incondicionada y sin temores en la presencia cercana del Señor ha de ser la brújula que oriente vuestra vida de trabajo y de familia hacia Dios, de donde viene la luz y la felicidad[1].”

“Echar el ancla en Dios”

Pensando en vuestras jornadas de trabajo, a menudo largas y agotadoras, vienen a mi mente unas palabras del papa Francisco, pronunciadas recientemente en la ciudad italiana de Génova, donde estaban muchos compañeros vuestros en las faenas del mar. El Papa les dijo: “En nuestras jornadas corremos y trabajamos tanto, nos empeñamos en muchas cosas; pero corremos el riesgo de arribar a la tarde cansados y con el alma cargada, iguales a una nave cargada de mercadería que después de un viaje fatigoso entra en el puerto con el deseo solamente de atracar y apagar la luz. Viviendo siempre corriendo y tantas cosas por hacer, nos podemos perder, cerrarnos en nosotros mismos e inquietarnos por algo sin sentido. Para no quedar sumergidos en este “malestar existencial”, recordemos cada día “echar el ancla en Dios”: llevemos a él los pesos, las personas y las situaciones, confiémosle todo. Es esta la fuerza de la oración, que une el cielo con la tierra, que permite que Dios entre en nuestro tiempo”[2].

Junto con toda la familia diocesana, os encomiendo particularmente a nuestra Señora del Carmen, estrella de los mares, para que mantenga viva vuestra fe, y os haga fuertes en Jesucristo. Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] JUAN PABLO II, Discurso a los hombres del mar, 9 de noviembre de 1982.

[2] FRANCISCO, Homilía en la Misa en la plaza Kennedy de Génova, 17 de mayo de 2017.

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Mons. Julián Barrio Barrio
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D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).