Acompañar con sencillez

Mons. Eusebio Hernández          Queridos hermanos y amigos:

 

En las cartas que os he dirigido estos últimos domingos he reflexionado con vosotros sobre las lecturas bíblicas que se proclaman en la celebración de la Misa. Creo que la meditación de estos textos, nos pueden servir para que veamos que todos somos llamados a anunciar el Evangelio. Lo hago pensando también, como os decía el domingo pasado, en la iniciativa pastoral que este año hemos emprendido en nuestra diócesis de ser una iglesia verdaderamente misionera, que sale al encuentro de todos para ofrecerle lo mejor que tenemos y que es el Evangelio de Jesucristo.

A la luz de los Evangelios de las misas de los domingos pasados os proponía hacer nuestras las palabras de Jesús: “no tengáis miedo” y “el que pierda su vida la encontrará”. Hoy el texto de San Mateo (11,25-30) nos hace ver como Jesús, bendice al Padre y le da gracias porque su palabra ha sido acogida por los sencillos: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor”.

La sencillez que Jesús alaba es la de aquellos que son capaces de abrirse a la voluntad de Dios; es decir, la de aquellos que han puesto su confianza en él y no en el mundo; por lo tanto, se han hecho pequeños y humildes. Pero, a su vez, esta actitud conlleva una gran sabiduría que viene de Dios, sabiduría que nadie ni nada nos podrá quitar.

En la primera lectura del Antiguo Testamento que hoy escuchamos (Zacarías 9,9-10) y que es una profecía de la misión que Jesús cumplirá, se nos presenta a aquel que va a venir “modesto y cabalgando en un asno”, o sea, Jesús que, siendo “rey, justo y victorioso”, de una forma humilde llega hasta la humanidad para llenarla de su “alegría”. Alegría, profunda y verdadera que da a manos llenas a aquellos que como Él se han hecho sencillos. Estas actitudes de son capaces dar la paz al mundo.

Este estilo sencillo de vida cristiana es, sin duda, la que nos pide hoy el Señor para poder llevar el Evangelio a tantas personas que sufren por diversas circunstancias de la vida. Podemos incluso decir que estas actitudes tienen un poder curativo para los que sufren en su corazón.

El papa Francisco en una de sus primeras entrevistas que concedió y que realizó el padre jesuita Antonio Spadaro; fue presentando en ella cómo tantas personas en nuestra sociedad vivían “heridas” en su corazón y cómo el Evangelio se podía convertir en “medicina” que los curara o aliviara y para ello proponía: “Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad”.

Desde la sencillez del testimonio de nuestra vida nosotros nos hacemos evangelizadores, acompañando a las personas; cómo seguía diciendo el Papa en la entrevista: “Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia”.

Con esta fuerza que viene de la sencillez del Evangelio debemos hacer nuestras las palabras de Jesús que, a través de nosotros, invita a todos:“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.