Un encuentro gratificante

Mons. Braulio Rodríguez           El lunes 26 de junio de 2017 fue una tarde calurosa en Roma. A las 4 nos esperaba el Papa Francisco. ¿Cómo es que nos esperaba? ¿No debíamos ser nosotros quienes le esperáramos a él? Nos esperaba sin protocolos, en una sala pequeña. Hasta allí llegamos, nerviosos porque faltaban algunas mujeres y temíamos que no llegaran por los problemas de abordar un taxi y el tráfico de Roma. “Sin protocolos”, apuntó un secretario del Papa. Nos sentamos silenciosos y expectantes. No sabíamos qué sucedería y cómo sucedería.

nbsp;  Y sucedió todo de un modo tan natural, tan en familia, tan parecido a un encuentro entre quienes se quieren, que, pasados ya algunos días, nos decimos admirados: “¡Qué bien, qué maravilla de hora y media conversando con el Papa de “nuestras cosas”! El Papa Francisco saludó uno por uno a todos, con su sonrisa y algunas palabras dirigidas a cada uno. Nos sentamos. Muy brevemente agradecí yo a Su Santidad su enorme generosidad para con nosotros. Le presenté cómo surgió el grupo de mujeres “Santa Teresa” y concluí que estábamos allí para “platicar” con el Papa de lo que estas mujeres llevan en su corazón. Son mujeres separadas o divorciadas, con hijos que están, tal vez, bajo su custodia, si son pequeños.

 La carta que meses antes escribieron ellas al Papa quizá llamó su atención; ahora, aunque llevaban escrito lo que iban a decirle quienes hablaron en nombre de todas, se dirigieron al Papa con emoción, pero con decisión. Preguntaron al Papa y él, despacio, sin prisas, iba respondiendo de modo sencillo. Fueron palabras de aliento del Santo Padre a seguir el camino emprendido, a acogerse unas a otras, a vivir su situación sin rencor, perdonando y pidiendo perdón. Recuerdo que Francisco razonaba diciendo que los hombres y mujeres no tenemos vocación de permanecer heridos; hemos de acostumbrarnos a vivir con la cicatriz que produjo la herida, porque la cicatriz puede dar dignidad. El perdón es difícil, pero va a la herida y a quien hirió. Es un camino y una gracia de Dios ese perdón. No se puede perdonar sin una gracia de Dios.

El Santo Padre pidió que, ante los hijos, estas madres no hagan de ellos rehenes entre ellas y sus padres. El tono del Papa era el de un conocedor del drama que se instala en el corazón de los que se separan y exhortó a considerar siempre “el bien de los chicos”. La situación preocupante en nuestra sociedad es que lo “provisorio”, lo provisional se instale en ella, pues lleva a la ruptura matrimonial, drama cada vez más frecuente. Sugirió con insistencia leer la Exhortación “Amoris Laetitia”, pero entera, capítulo a capítulo, sobre todo el capítulo cuarto, centro del documento. Pienso que es una importante insistencia.

Me gustaría subrayar que cuantos intervinieron en el encuentro (Delegado de familia y vida, el grupo “Santa Teresa”, Vicario Judicial, etc.) insistieron en que esta experiencia pastoral ha nacido como parte de la pastoral familiar de la Diócesis, formando parte de esta Delegación. “Era como si estuviéramos en una de nuestras reuniones mensuales de nuestro grupo”, comentó alguien. Todas sintieron que el Papa se mostró muy cercano con ellas y sus preguntas. El clima de alegría, de ser acogidos como miembros de una misma familia continuó cuando ellas entregaron al Papa unos sencillos regalos y Francisco regaló un rosario a cuantos estábamos allí.

Interpreto que en esta tarde con el Papa hay que destacar cosas importantes. Primera: este grupo de mujeres querían agradecer al Papa después de haber sido sumamente reconfortadas con la lectura de “Amoris Laetitia” personalmente y en su encuentro mensual. Ahí está la historia del grupo, cuando las primeras decidieron crearle. Allí contaron su historia, tal vez llorando, pero siendo acogidas y sintiendo que no están solas. Segunda: hay que seguir adelante como grupo y abrirse a tantas otras mujeres y hombres que viven este drama de la ruptura matrimonial; para ello hay que salir, acoger, escuchar, acompañar.

Pero lo más asombroso para todos fue escuchar de labios del Papa Francisco: “Les agradezco el que hayan venido a estar conmigo y contarme esta experiencia. Me hace bien”. Nosotros sentimos que este encuentro con aquel en el que hoy vive Pedro es impagable, y su disponibilidad inaudita. Nos sentimos queridos y agraciados. Muchas gracias a Su Santidad el Papa Francisco.

 

+Braulio Rodríguez Plaza,

Arzobispo de Toledo. Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.