Sibylle Wisselman, consagrada de Chemin Neuf: «Todo lo que podemos hacer en común, lo hacemos».

Sibylle Wisselman es consagrada de la Comunidad Chemin Neuf. Encontró a Cristo gracias a la segunda conversión de sus padres, cuando tenía once años. Desde entonces, su alma inquieta la llevó a conocer diferentes comunidades hasta que descubrió el ‘Chemin neuf’. Ahora es consagrada de esta comunidad y, despues de cinco años de misión en Zaragoza, en la cartuja de ‘Aula Dei’, la trasladan a París: “Siento que Cristo me espera también allá y voy a seguirle”.

¿Qué es el ‘Chemin Neuf’?

Es una comunidad católica que fue fundada en Francia en 1973 y está presente en 30 países. Es una comunidad donde viven religiosos, religiosas y familias. En la cartuja de ‘Aula Dei’ tenemos un ciclo de formación bíblica, teológica, de vida comunitaria, para matrimonios, jóvenes y jubilados que vienen de muchísimos países distintos a recibir esta formación durante tres o nueve meses mientras viven en los antiguos dormitorios de los cartujos.

La mayor parte de los que vienen forman parte de la comunidad o están en proceso de discernimiento. Tambien hay jóvenes que vienen a formarse porque después quieren irse de misión con la comunidad al extranjero y les proponemos formarse en vida comunitaria.

¿Cómo podría resumirse el espíritu del ‘Chemin Neuf’?

Es una comunidad que trabaja y ora para la unidad de los cristianos, la unidad entre nuestros pueblos, la unidad de la familia y la unidad de la persona. Es la vida comunitaria la que nos permite vivir y hacer este trabajo de unidad a través de la reconciliación que está en el centro de nuestra vida en común. Todo lo que podemos hacer en común, lo hacemos. Es una comunidad de espiritualidad ignaciana, apostólica, al servicio de la Iglesia, para evangelizar y anunciar a Cristo. El corazón de cada sesión o misión que tenemos es proponer a los jóvenes, a las familias, a todos, que se encuentren con Cristo y, desde ahí, escuchar su llamada y contestar para cumplir con la misión que cada uno tiene.

Cuando hablas de la unidad de los cristianos, ¿te refieres a ser una misma Iglesia o a convivir en paz?

Se reza para que encontremos la unidad visible. Jesús la quiere. Pero necesitamos los unos de los otros para conseguirla. Todos los cristianos (católicos, anglicanos, protestantes…) miran en una misma dirección: Cristo. Por eso hay unos espacios de diálogo en los que juntos podemos buscar una unidad. Y es la vida en común la que nos permite vivirlo primero de una manera concreta y después está todo el diálogo entre profesores, teólogos…

Parece difícil que uno reconozca que su fe es errónea o incompleta…

Es un camino de humildad y de reconocimiento del don del otro, y así es un intercambio de dones. Yo reconozco los dones que tengo y he recibido de la tradición de mi Iglesia y yo reconozco los dones del otro. Y este intercambio nos permite compartir mucho más de lo que podríamos compartir solo en nuestra confesión cristiana. Es un camino duro, es un camino con la cruz, pero es un camino de puerta estrecha que queremos pasar, porque hay una promesa, que un día estaremos reunidos en la misma mesa y que podremos comulgar juntos, es nuestro deseo. Cuando escuchamos al papa Francisco invitándonos a trabajar en esta línea, nos alegra y nos impulsa para seguir caminando en esta dirección.

¿Cómo ha sido tu misión aquí?

Un gran regalo. Recordaré siempre el consejo que don Manuel Almor me dio cuando llegué: “Sibylle, abre lo ojos, los oídos y cállate”. Esto me ayudó mucho durante los dos primeros años para conocer la realidad de la diócesis. Aprendí así a amarla como es. Después hemos empezado a proponer unas actividades para estudiantes porque era la misión que a mí me encomendó la comunidad. Empezamos con el ‘Curso Alpha’ en la parroquia de San Valero.

Lo que más me tocó fue la humildad del pueblo aragonés porque se dejaba interpelar, ha habido una acogida como nunca había visto. Poniéndome al servicio de la Iglesia aprendí a amarla. Aprendí a darme cuenta de que la comunidad ‘Chemin Neuf’ es para la Iglesia, con su carisma propio, pero para la Iglesia.

Y ahora marchas a París…

Vuelvo a Francia no con la idea de volver a mi país sino de ir a otro pais de misión. Y me voy con todo lo que he vivido aquí en mi corazón.

¿Ves en Aragón tierra fértil para que surjan vocaciones?

Sí. Hay trabajo, hay que sembrar mucho, pero tengo mucha esperanza. Si nos dejamos renovar interiormente y nuestra manera de vivir la pastoral, conseguiremos acercarnos más a los jóvenes

(Rocío Álvarez – Iglesia en Aragón)

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