Ser digno de Cristo

Mons. César Franco              Aunque Cristo sea un misterio insondable, absolutamente único en el panorama de las religiones, se deja conocer a través de las exigencias que plantea a sus seguidores. Su forma de actuar y enseñar posee el estilo de una autoridad única, que él presenta como recibida directamente de Dios. Sus palabras y gestos se remiten a lo que ha oído y visto del Padre. Podemos decir que no se sale del guión que ha recibido del Padre para actuar entre los hombres.

nbsp; Para seguir a Jesús hay que posponer todo: la familia, el trabajo, la profesión, los bienes de este mundo. Su señorío alcanza a toda la existencia de la persona. De ahí el título de «Señor» que recibe después de resucitar de entre los muertos. Sólo Él puede exigir lo que nadie se atrevería a pedir.

Los tratados de cristología se preguntan sobre la causa de estas exigencias de Jesús, formuladas así en el evangelio de hoy: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí, el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí» (Mt 10, 37-38). Estas exigencias suscitarían en sus oyentes la pregunta: ¿Quién es éste que reclama un amor único, una entrega total, un seguimiento radical? Naturalmente, como sabio maestro, Jesús no se contentó con mostrar sus exigencias, sino que las propuso en el marco de una enseñanza más amplia, que es conocida como predicación del Reino de Dios.

Desde el inicio de su enseñanza, Jesús ha proclamado que el Reino de Dios ha comenzado a implantarse en este mundo no como un reino temporal, sino como la extensión a todos los hombres de la soberanía del Dios Creador y Señor de la Historia. Dicho reino se ha hecho presente en la persona de Jesús, cuyos signos salvíficos revelan que Dios viene para salvar al hombre en su integridad y a todos los hombres. Nada queda fuera de la influencia de este Reino presente en Cristo. De ahí que haya que tomar una opción por Cristo hasta el punto de que aceptar o rechazar a Cristo supone entrar o quedar excluido del Reino. Cuanto el hombre haga por él no quedará sin recompensa: hasta el vaso de agua fresca dado en su nombre. Quien quiera seguir a Jesús debe, pues, estar dispuesto a perder la vida por él, a darlo todo, sencillamente porque él lo da todo por el hombre, y ofrece lo que nadie puede dar: la vida eterna.

Se comprende así que en las palabras citadas de Jesús se repite por tres veces el estribillo «no es digno de mí». Jesús se presenta como el valor supremo del cristiano, frente al cual no existen competencias. Con esto no se degrada nada: ni las relaciones familiares, ni el valor de los afectos humanos, ni la importancia de los bienes de la tierra. Todo adquiere su medida, la de Cristo. Quizás la clave para entender estas exigencias resida en la última frase de Jesús: «el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí». La expresión «coger la cruz» hace sin duda referencia al hecho histórico de la muerte de Cristo, que subió al Gólgota cargado con su cruz. Ese gesto de amor único y total al hombre ha condicionado para siempre la relación con Cristo. Quien ha sido capaz de entregar la vida por los hombres, redimiéndolos de la esclavitud del pecado y de la muerte, se ha convertido en el Señor de la vida y puede, por tanto, exigir lo mismo a quienes quieran participar de su Reino, viviendo ya aquí bajo su señorío. Como decía el Papa Benedicto XVI, Cristo no nos quita nada, lo da todo. Y esta es la razón por la que, en una justa, leal y amorosa correspondencia, pueda también pedirnos que lo demos todo por él. Su única pretensión es reclamar un amor como el suyo. Pura coherencia.

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).