Recíproca autonomía y fecunda colaboración

Mons. Àngel Saiz Meneses          La fiesta mayor acostumbra a ser el acontecimiento más importante de un pueblo o de una ciudad. Se trata de un conjunto de celebraciones para hacer memoria cada año de un hecho importante de su historia o tradición, y a menudo es, a la vez, la fiesta patronal. La fiesta mayor es una ocasión de encuentro de los miembros de una comunidad local que se reúne en torno a unos escenarios comunes —iglesia parroquial, ayuntamiento, plazas, terrazas, espectáculos y actividades de todo tipo— y que afirma su identidad y su existencia como colectivo a partir de unos referentes simbólicos compartidos: religiosos, sociales, culturales e históricos.

A lo largo de mi ministerio sacerdotal he participado en numerosas fiestas patronales y he sido testigo de la presencia de autoridades en los actos religiosos con toda normalidad. Ahora bien, eso no significa identificación ni mezcla de ningún tipo. Estamos todos de acuerdo en que la distinción y autonomía mutuas entre la Iglesia y el Estado es un signo indudable de progreso, más aún, es una condición indispensable para poder actuar con libertad y llevar a cabo cada uno la misión encomendada. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado el año 2004 por el Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, cuando trata de las relaciones entre la Iglesia Católica y la Comunidad Política, lo resume en dos conceptos: autonomía y colaboración.

En primer lugar, autonomía e independencia porque la Iglesia y la Comunidad Política son de naturaleza diferente tanto por su configuración como por sus finalidades; por tanto, es primordial el respeto recíproco en el marco de las competencias respectivas. La Iglesia se organiza con formas concretas para satisfacer las necesidades espirituales de sus fieles, mientras que las diversas comunidades políticas generan relaciones e instituciones al servicio de todo lo que pertenece al bien común temporal. La comunidad política debe garantizar a la Iglesia la libertad religiosa y el necesario espacio que necesita para su acción. La Iglesia, a su vez, respeta la legítima autonomía del orden político democrático y no se debe identificar con ningún programa político, aunque pueda hacer valoración de sus implicaciones morales y religiosas.

Vemos, por tanto, que la recíproca autonomía no comporta una separación que excluya la colaboración, porque ambas instituciones buscan el bien común y están al servicio de las mismas personas, para facilitarles el pleno ejercicio de sus derechos, como ciudadanos y como fieles cristianos y también un correcto cumplimiento de los deberes. Este servicio será más eficaz cuanto mayor sea la colaboración en orden a la promoción de las personas concretas y de la comunidad en su conjunto. Con actitud de servicio, inspirándonos en el ejemplo de Jesucristo. Para ello la Iglesia debe ser respetada en su identidad específica para que pueda desarrollar su misión con los propios fieles y también al servicio de todos los ciudadanos. Una misión que se lleva a cabo en primer lugar a través de la evangelización, de la catequesis, de la formación, de la investigación, de la cultura y el arte; también en la celebración de los misterios de la fe, en la liturgia, en la oración, en el sentido de trascendencia; por último, a través de la acción caritativa y social, al servicio de los más pobres y necesitados.

Recordando que hoy la ciudad de Terrassa celebra su Fiesta Mayor, deseo que todas nuestras ciudades y pueblos gocen de una buena Fiesta Mayor gracias a la recíproca autonomía y fecunda colaboración al servicio de las personas, uniendo fuerzas de modo que la suma de aportaciones devenga una auténtica multiplicación.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.