La «cruz» como pórtico de GLORIA

Mons. Ángel Pérez Pueyo          La liturgia de este domingo nos adentra en el discurso apostólico de Jesús. En dicho discurso agrupa varios dichos o sentencias. Sus primeras palabras no aluden al testimonio de quien evangeliza sino al encuentro personal con Jesús ante el cual todo queda relativizado. Desde aquí habría que entender también nuestro seguimiento al Señor y la misión evangelizadora que nos ha sido confiada.

La relación entre Cristo y su discípulo es tan estrecha, tan exclusiva y tan radical que se nos antoja casi imposible de llevar a cabo. Es necesario contextualizarla desde la mentalidad del siglo primero. En aquella época, la relación de parentesco lo era todo: servía como lugar de socialización, de refugio en la enfermedad, como ámbito de defensa…, de tal forma que una persona sin este grupo de referencia no era nadie; se convertía en un marginado social. En este contexto, Jesús hace una petición drástica a su seguidores: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí” como para expresar que el seguimiento incondicional va más allá del puro sentimiento. No es cuestión de afectividad sino de elección efectiva. Jesús no pide que el discípulo deje de querer a su familia; lo que exige es que si los lazos familiares fueran un obstáculo insalvable para optar por el Reino, éste tiene la primacía.

Pero no acaba aquí todo. Hay algo más todavía. La persona de Jesús y su mensaje deben anteponerse a todo. Seguir a Jesús conlleva muchas veces cargar con la cruz que no esperabas y abrazarla como Él. “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Sólo entonces puede convertirse la cruz en pórtico de gloria, en signo de seguimiento, en señal de amor y de entrega…

Cuentan que un hombre se quejaba de su suerte por la cruz que le había tocado en la vida. Cuando regresaba del trabajo, todos le parecían que eran más felices que él.  Un día el Señor lo esperó a la puerta de su casa. “Ven conmigo”, le dijo, y podrás escoger otra cruz a tu gusto.  Y le llevó a una gruta llena de cruces de todos los estilos, tamaños y calidades. “Son las cruces de los hombres”, le dijo el Señor. “Elige la que quieras”. El hombre dejó su cruz en un rincón y fue escogiendo. Probó una cruz ligera, pero era muy fea y la dejó. Luego una muy bonita, pero se le clavaba en los hombros. Después una de metales preciosos, pero pesaba mucho y no podía caminar. Probó una y otra vez, pero tenían defectos y las dejó. Por fin en un rincón encontró una pequeña cruz. No era muy bonita, pero parecía a propósito para él. La probó y dijo: “Me quedo con esta”. Al salir de la gruta se dio cuenta de que había escogido la que dejó al entrar. La besó y se la volvió a colgar sobre su cuello. Providencialmente, desde aquel momento, se convirtió en una verdadera oportunidad, en la mediación privilegiada para ofrendar su vida por los demás. Se convirtió realmente en pórtico de gloria. Cruz y amor son sinónimos para el seguidor de Jesús. Ser discípulo cristiano supone una entrega tan plena que constituye una rendición sin condiciones a Cristo, debido a la urgencia del Reino de Dios, para que nadie se pierda, ante el cual todo queda en segundo lugar, incluso la propia vida y los afectos personales o familiares. No hay otro modo de ser cristiano sino amando incondicionalmente a Jesús. «Amando hasta que duela».

Mateo describe cuatro tipos de mensajeros: los apóstoles, los profetas, los justos y los pequeños. Los apóstoles eran mensajeros del Evangelio que enseñaban y proclamaban la buena noticia. Los profetas eran predicadores itinerantes que imitaban la radicalidad de vida de Jesús e iban recordando sus enseñanzas. Los justos eran cristianos procedentes del judaísmo que buscaban ser fieles a la ley de Moisés desde las enseñanzas de Jesús. Por último, los pequeños eran los creyentes en proceso de maduración de su fe. Una de las peculiaridades, que sólo se encuentra en Mateo, es que todos los miembros de la comunidad tienen la dignidad de enviados y la misión de anunciar el evangelio. Anunciar la Buena Noticia de Jesucristo, como acabamos de ver, nos compromete a todos. Sin embargo, lo que nos caracteriza e identifica como seguidores de Jesús no es la mera proclamación de un mensaje, sino la adhesión a la persona de Jesucristo. Ser discípulo implica identificarse con Cristo. Esta identificación no está exenta de conflictos y sufrimientos, pero también ofrece una generosa recompensa. En la primera lectura la familia sunamita recibe como recompensa de su hospitalidad un hijo varón. La mayor de las recompensas, dirá Pablo en la segunda lectura, es compartir la vida en plenitud que nos ha dado el resucitado. Por su parte el evangelio alude a una recompensa doble, por una parte, la de ser representantes del Señor aquí en la tierra, y por otra, obtener la vida eterna.

Reconozco que el evangelio de hoy resulte incómodo y tengamos la tentación de pasarlo por alto. Sin embargo, al igual que nos está sucediendo en la Diócesis a la hora de implicar a todos en la evangelización (en la «orquesta»), la clave está en propiciar primero un encuentro personal con el Señor. La mayor alienación del hombre no es Dios sino la idolatría del poder y del dinero, que cierran el corazón al amor y a la justicia por el egoísmo que genera. Sólo Cristo puede liberarnos y sanarnos del único pecado, el DESAMOR.

Con mi afecto y mi bendición

+ Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Ángel Pérez Pueyo
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- Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), nace el 18 de agosto de 1956. Es el segundo hijo del matrimonio (+) Rodrigo Pérez Fuertes (1.III. 1924 – 1.III.2012) y (+) Carmen Pueyo (21.II.1929 – 19.IV-2005). Su hermana, (+) Mª Concepción (19.V.1954 – 27.VII.1998), se queda paralítica cuando tenía catorce meses como consecuencia de una poliomielitis aguda. - A los 10 años de edad ingresa en el Seminario Metropolitano de Zaragoza. De 1966 a 1971 cursa sus estudios de bachillerato en el Seminario Menor. En 1972 pasa al Seminario Mayor donde estudia COU y como es demasiado joven para iniciar los Estudios Eclesiásticos los formadores le recomiendan que inicie la Etapa Introductoria y estudie Magisterio en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Educación General Básica “Virgen del Pilar” que se hallaba ubicada en el mismo edificio del Seminario. En 1974 inicia sus Estudios Eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). - En 1977 va a Salamanca al Aspirantado “Maestro Ávila”, ¾casa de formación que los Sacerdotes Operarios tienen en España¾, donde cursa los tres últimos años de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Posteriormente realiza estudios de licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Civil de Salamanca. - A los 23 años, el día 19 de marzo de 1980, es ordenado sacerdote por Mons. Antonio Vilaplana Molina en Plasencia (Cáceres) donde había sido enviado por los Superiores de la Hermandad para realizar la Etapa de Pastoral como formador y profesor en el Seminario Menor de dicha Diócesis. - Al finalizar el curso 1979/80 es destinado al Seminario de Tarragona. Desde 1980 a 1985 desempeña su labor formativa en el Seminario Menor como responsable de los seminaristas y como tutor y profesor del Colegio-Seminario. - En 1985 es nombrado Rector del Aspirantado Menor de Salamanca. Colabora como profesor y tutor en el Colegio “Maestro Ávila” impulsando el trabajo de pastoral juvenil y vocacional con los alumnos y profesores del mismo colegio. - En julio de 1990, en la XVIII Asamblea General, es elegido miembro del Consejo Central y se le responsabiliza de la Coordinación Pastoral de la Hermandad. Durante este tiempo coordina la preparación y dirección de los Cursos para Formadores de Seminarios que se impartieron en Buenos Aires (Argentina), en Caracas (Venezuela), en Lima (Perú); colaboró en el diseño del Curso para Formadores de Seminarios organizado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española que se viene celebrando durante el verano en Santander; y colabora como profesor en el Curso para Formadores de Seminarios de lengua española-portuguesa, organizado por la Congregación para la Educación Católica, que se imparte en el Pontificio Colegio Español de San José y en el que participan formadores de diferentes países Lati­noamericanos. En 1994 participa en Itaicí (Brasil) en el I Congreso Continental Latinoame­ricano de Vocaciones. - En julio de 1996, en la XIX Asamblea General es elegido Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios hasta el año 2002. En 1997 participa en el Congreso sobre secularidad del presbítero diocesano organizado por la Comisión Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española. – En julio de 2002, en la XX Asamblea General, celebrada en el Pontificio Colegio Español de San José de Roma (Italia) es reelegido por mayoría absoluta en primera votación. −El pasado 22 de mayo de 2008 la Hermandad ha recibido de la Santa Sede la aprobación como Asociación Sacerdotal de Derecho Pontificio, tal como soñó desde el comienzo Mosén Sol. Y en julio de 2008, por coincidir con el 125 aniversario de la Fundación de la Hermandad y el I Centenario de la muerte del Beato Manuel Domingo y Sol, se celebrará en Tortosa la XXI Asamblea General. – En septiembre de 2008, al concluir su mandato como Director General, es nombrado Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. – El 2 de agosto de 2013 es nombrado Rector del Pontificio Colegio Español de San José en Roma por la Congregación del Clero. – El 27 de diciembre de 2014 es nombrado por el Papa Francisco Obispo de Barbastro-Monzón.